Liberación del control de Satanás

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En cierta ocasión viajaba a otro país, yo sabía que el  pueblo de esa tierra adoraba a muchos dioses falsos e ídolos. Sin embargo, yo también sabía que Dios amaba las almas de esas personas y quería salvarlas. Mientras estuve ahí, el Espíritu Santo me ungió para profetizar contra sus ídolos y su brujería. Yo sabía y profeticé que la presencia de Dios y Su Palabra llegaron a ese país para salvar hasta el último (Véase Hebreo 7:25). Él ha venido para liberar a los cautivos, a desatar cualquier carga pesada, a quitar las “escamas” de los ojos de las personas para que puedan recibir la verdad de Dios (Véase Isaías 61:1), Hechos 9:1-18).

El reino espiritual, Dios me permitió ver muchos rostros cuyos ojos y oídos habían sido cerrados. Luego vi un relieve visible de manos que sacaban las escamas de esos ojos y oídos. Aquellos que fueron libertados movían sus cabezas en señal de libertad. Ellos clamaban de gozo, “Ahora veo. Ahora entiendo”. Fue como si las tinieblas hubieran cegado sus mentes, pero cuando Dios los tocó, la ceguera que Satanás había colocado en ellos fue removida. Yo sentí que esta visión significaba que el Evangelio debía llegar a cada nación, a cada país.

En ese mismo país, la esposa de un pastor y yo oramos por muchas horas por espacio de dos días. A la media noche tuve la visión de una carretilla que circulaba por toda la ciudad. Por donde pasaba cortaba las cabezas de miles de serpientes que se esparcían a lo largo del camino. Mientras la carretilla pasaba por los valles matando a las serpientes, yo oraba a Dios y vi el mover del Espíritu Santo.

De repente, miré como si las puertas del mismo cielo se abrieron. Ejércitos de ángeles bajaban en gran majestad. Pude ver las manifestaciones del poder, la gloria y la fortaleza de Dios. ¡Él había enviado a Sus Ángeles a la tierra para liberar a esa ciudad!

Luego vi ángeles entrar en un orificio de la tierra. Desde las oscuras profundidades, ellos sacaron a un monstruo redondo y feo que tenía una cabeza horrible. Primero, ellos encadenaron al monstruo; luego lo halaron para sacarlo. Ese ante era largo y había envuelto a toda la ciudad. Había perneado la tierra, las calles, las casas y la atmosfera. Pero el monstruo no tenía salida contra el poder de Dios. Parecía que había pasado horas observando a los ángeles libertando a la ciudad de esa potencia malvada, pero supe que Dios había libertado completamente a esa ciudad de los poderes demoníacos.

Dios contestará las oraciones e intercesión de aquellos que se consagran a Él, y Él sacará de raíz toda perversidad que esté presente en sus comunidades y naciones.

Mary K. Baxter. Escritora Cristiana  

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