Líder cristiano y familia. 1ra parte

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Cualquier persona con alguna función de liderazgo cristiano suele hablar del tiempo, de agendas llenas, de muchas prioridades y poco espacio para cumplirlas. Ante todo este trabajo, la familia es la primera que está en riesgo de salir perdiendo.

Ester Martínez es psicóloga y profesora universitaria, Marcos Zapata terapeuta familiar, y Pablo Martínez-Vila psiquiatra. Los tres son además conocidos y reconocidos líderes evangélicos en diferentes ministerios. El problema no es nuevo: el trabajo, cuando se convierte en el elemento que define a las otras áreas de la vida, acaba repercutiendo muy directamente sobre la familia. Puede pasar en cualquier familia, y con cualquier trabajo. En el ministerio (es decir, ‘servicio’) cristiano, además, todo puede ser aún más complicado. Si servir a Dios es lo primero, ¿se puede renunciar a ciertas responsabilidades con la familia? ¿Ante un tiempo limitado, cómo responder a las expectativas que muchas veces desbordan al cristiano en posiciones de liderazgo? Precisamente hace poco uno de los más conocidos líderes de Estados Unidos Mark Driscoll, denunció en la conferencia anual de ‘Acts 29’ a quienes sacrifican su familia por el ministerio. “No necesitamos más pioneros en la obra, necesitamos más hombres de Dios”, cree Mark Driscoll. “Si tenemos más de estos, algunos levantarán iglesias”.

La obra pionera en la fundación de nuevas iglesias no debe ser un fin que justifica los medios. El pastor de la conocida iglesia Mars Hill (Seattle) ha defendido muy claramente que la principal responsabilidad de un pastor es cuidar de su familia, y que sacrificar a mujer e hijos por el ministerio cristiano nunca es justificable. Una de las claves iniciales en las que coinciden Ester Martínez, Marcos Zapata y Pablo Martínez es la planificación. Saber qué queremos hacer con nuestro tiempo. Empezando por aquí, la familia debe tener una posición primordial. “Hay un orden de prioridades en todo y después del Señor, el siguiente grupo que merece una atención muy especial es la propia familia”, opina Ester Martínez. Ellos son “los primeros miembros de la iglesia” para un pastor, los que deben recibir una atención especial. Para que esto sea una realidad no sólo en la teoría, es útil dejarlo claro por escrito. “Creo que cada persona que está en la obra debe revisar muy bien sus horarios y su agenda”. Por otro lado añade que “es difícil dar tiempo de calidad sin cierta cantidad”.

Marcos Zapata opina exactamente lo mismo. En cuanto a la familia, no cree que haya “tiempo de calidad sin tiempo en cantidad”, y añade que “en ciertas edades de los hijos gran parte de la calidad reside en la cantidad de tiempo que pasamos con ellos”. Es más, todo el tiempo que él pasa fuera de casa en conferencias y charlas, explica Zapata, es “una ofrenda de mi familia a otras familias de otras iglesias”. “Ante todo hay que poner un límite a estas salidas y reuniones” relacionadas con el ministerio, opina Pablo Martínez.

Para que el tiempo con la familia no desaparezca bajo otras prioridades es necesario “tener un porcentaje fijo de fines de semana al mes o al trimestre y también de noches a la semana” en las que decir ”no” a nuevos compromisos. Muchos líderes cristianos siempre podrían hacer más, responder a nuevas llamadas de teléfono, cambiar los planes de la semana por enésima vez. Esto demuestra que “uno de los grandes problemas de muchos líderes es no haber plasmado por escrito o de manera bien objetiva sus prioridades”. Sino quedan claras las líneas rojas que no se deben pisar, es difícil mantener un buen equilibrio en el que la familia no salga perjudicada. Así que plantear estos “límites” ayudará, cree Pablo Martínez, a crear “un marco imprescindible para una vida de ”shalom” personal y con la familia, lo cual va a repercutir también en la calidad del ministerio”.

 

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