Líder cristiano y familia. 2da parte

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¿Existe riesgo de que líderes cristianos consigan pensar que servir a Dios es más importante que servir a su familia?

Sí, este riesgo existe”, contesta Zapata. “La tentación es hacer el ministerio a expensas de una sana vida familiar”. Esto no es algo consciente, la mayoría de las veces. No está tanto “en nuestra declaración formal de las prioridades, en la cual decimos siempre que lo primero es nuestra familia, sino en nuestra praxis, en la cual negamos con nuestros hechos lo que proclamamos en nuestra enseñanza”, reconoce. “El problema es que hay demasiadas cosas que hacer, demasiadas personas necesitadas a nuestro alrededor y todo es imperiosamente urgente”, describe Ester Martínez. La sensación de necesidades desatendidas es constante alrededor de una persona que trabajo en la obra cristiana. Ante toda esta avalancha, es necesario que la casa sea “un ‘castillo’ y ‘refugio’ para que la familia no se sienta invadida por las urgencias de otros”.

Y en la práctica, esto puede significar “dejar ordenadores y móviles apagados las horas de descanso en familia”. A ello se añade seguir una norma muy útil: “Hay que saber que lo urgente no debe pasar por delante de lo importante. Cada cosa ha de tener su tiempo y lugar”.

 Pablo Martínez está de acuerdo en que crear un dilema entre cuidar a otras personas o a la propia familia “es un error conceptual tan grave como frecuente”. “El carácter espiritual de una actividad no viene dado tanto por el qué se hace, sino por el cómo se hace (Colosenses 3:17; 23-24)”. Es decir, cuidar de tu familia puede “no ser una actividad religiosa y sin embargo muy espiritual”. Y viceversa, “se puede realizar una tarea sagrada con muy poca espiritualidad”. ¿Dónde está el equilibrio, pues? “La mejor manera de servir a Dios es mediante el servicio a los demás, empezando por tu viña propia’”, opina. Y recordar que “nuestra familia es también parte de la iglesia”, no algo separado de ella.

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