Liderazgo es insatisfacción. 2da parte

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Cuando yo estaba en la escuela secundaria, tuve el privilegio de conocer a E. Atanley Jones. Mi padre me hizo una cita con él, y tuvimos una entrevista que duró 15 minutos. Me firmó un par de libros y hablamos de lo hermoso que era estar en el ministerio. Él estaba cortado por la misma tijera que estos grandes hombres de los que hemos hablado. En el crepúsculo de su vida, escribió estas palabras desde su amada India, donde servía como misionero: “Muchas veces he dicho, medio en broma, que cuando llegue al cielo pediré 24 horas para ver a mis amigos y después iré a ver al Maestro y le diré: ¿No tienes algún mundo en que haya personas caídas que necesitan un evangelista como yo? Por favor, envíame allí, porque no conozco otro cielo que el de predicar el evangelio a la gente eso es el cielo para mí. Lo ha sido hasta ahora, y lo será siempre”.

Pablo un hombre que no se contentaba ni estaba dispuesto a ceder en su esfuerzo de alcanzar su elevado objetivo. Pero hay otros hombres y mujeres en la Biblia a los que la insatisfacción por la situación que vivían los motivó a alcanzar la grandeza. Nehemías estaba bien ubicado como copera en la corte del rey. Estaba rodeado de lujos, pero estuvo dispuesto a dejarlo todo para regresar a Jerusalén y ayudar a reconstruir sus murallas. Pensemos en Ester, la reina que se arriesgó a morir para recatar a su pueblo del sufrimiento. Josué y Caleb podrían haberse quedado en el desierto con el resto del pueblo, pero no estuvieron dispuestos a conformarse con algo menos que lo mejor. ¿Por qué vivir en el desierto si podemos vivir en una tierra que fluye leche y miel? Moisés podría haberse quedado en la corte de Faraón, y disfrutar de todos los placeres y las riquezas de Egipto, pero decidió guiar a su pueblo en el éxodo.

John C. Maxwell

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