Los dos testigos.

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Según apocalipsis 11, Dios levantará dos individuos especiales en la tribulación, que darán testimonio de Él. Se les dará la destreza de ejecutar poderosos milagros, lo cual confirmará al pueblo de Israel que su ministerio proviene de Dios. Su ministerio se centra en la ciudad de Jerusalén, lo cual se deduce por la parte del texto que dice “donde también nuestro Señor fue crucificado”. Aunque no se proporciona el contenido de su mensaje, el hecho de que están vestidos de cilicio sugiere que su énfasis será similar al de Juan el Bautista, que también lucia ropa hecha de pelo de camellos. El cilicio es una señal de luto y arrepentimiento. “Se podría concluir, por su manera de vestir características, que los dos testigos están anunciando el mismo mensaje de Juan, el de arrepentimiento, porque el rey está cerca.

Los comentaristas suelen identificar a los dos testigos como Elías y Moisés o Enoc. Pero estas ideas no tienen un respaldo muy sólido. Dado que en el texto no se les identifica, deberíamos abstenernos de tratar de identificarlos que alguna persona histórica en particular. Éstos son simplemente dos profetas judíos, que serán usados exclusivamente por Dios en los días terribles de la tribulación. Se dice que su ministerio durará un período de 1.260 días (la mitad del período de la tribulación, Ap. 11:3). Pero ¿en qué mitad del período de la tribulación ministrarán? Como es de suponer, hay división en las opiniones sobre esta materia. Éste no es un asunto crucial, pero su ministerio parece concordar mejor en la segunda mitad de la tribulación, cuanto el templo de Jerusalén sea dominado por la adoración al anticristo, presidida por el falso profeta (Ap. 11:2).

Debido a que esta duración 1.260 días corresponde exactamente a la mitad de la tribulación, y dado que la última mitad de la tribulación se encuentra específicamente en el contexto inmediato, lo lógico concluir que la actividad de estos testigos tiene lugar durante dicho período. Estas dos personas, cualquiera que sea su identidad, comenzarán su obra cuando el anticristo quebrante su tratado de Israel, y continuarán a lo largo de los difíciles meses de su opresión y persecución. El poder inusual con el que Dios les dotó será necesario para que puedan continuar, dado que el anticristo seguramente se opondrá a ellos con extrema severidad.

Se dice que estos dos testigos cumplen Zacarías 4:11-14. En aquella visión, el profeta Zacarías vio dos candelabros abastecidos continuamente con aceite de los dos olivos. Esto expresa la realidad de que la capacitación del Espíritu Santo de Dios (el aceite de oliva) es necesario para ministrar como lámparas (los candelabros) para el Señor. Los dos testigos de Apocalipsis 11 funcionarán claramente en el poder de Dios; un ministerio que estará acompañado por la ejecución de poderosos milagros.

Apocalipsis 11:7 dice que cuando los dos hayan acabado su ministerio, el anticristo los ejecutará. Este acto terrible provocará la celebración y el gozo del mundo incrédulo. Pero, para su gran asombro, los dos testigos serán levantados de la muerte y llevados al cielo. Su resurrección, como la del Señor Jesús, dará claro testimonio de la aprobación del Padre para su ministerio.

Estos dos siervos de Dios que ejecutan milagros son lámparas del Señor en la oscuridad moral y espiritual de la ciudad de Jerusalén. Los dos testigos son el recordatorio de que incluso en los peores tiempos Dios no se queda sin testigos.

Paul. N. Benware. Profesor de la División de Estudios Bíblicos de Philadelphia Biblical University

 

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