¡Los hijos heredan de los padres!

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Los hijos aprenden de los padres. La Biblia dice: “por tanto, guárdate tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida, antes bien, las enseñanzas a tus hijos y a los hijos de tus hijos” . Deuteronomio 4:9.

Nótese que esto es tan vital que lo primero que nos exhorta es a guardarnos. Esto es así por el principio de impartición, uno enseña lo que sabe, pero imparte lo que es. Tus hijos están constantemente aprendiendo de ti. De hecho tu instrucción es vital porque permanece con ellos. Esto es tan poderoso que para Dios desconectarnos de eso nos da un nuevo nacimiento por la fe.

Ellos aprenden de dos formas: por ejemplo o modelaje y por contraste dice la Palabra: “Sed imitaciones de mí, así como yo de Cristo” corintios 11. El Apóstol Pablo al reconocer esta verdad procura establecer un precedente correcto, bueno y tan glorioso que sea digo de ser imitado. Como podre ser que voy a ser imitado, pues imito a aquel digno de serlo para darle a mi hijo un aprendizaje glorioso.

El problema del contraste es que perdemos influencia, Jesús dijo a los fariseos; Hagan lo que dicen, pero no hagan lo que hacen. De hecho Jesús dijo que sus hijos les juzgarían. Aunque no somos perfectos podemos hacer lo correcto. Eso es, asumir responsabilidad por nuestras equivocaciones, corregirlas, disculparnos y hacer cambios. (2 Corintios 12:14)

El factor herencia es para toda la vida. Nuestros hijos heredan de nosotros. En el caso de la herencia, solo puedes ofrecer un legado si haz alcanzado un destino. La herencia es lo que obtuviste o lo debías. Es por eso que David decidió enfrentar a Goliat. Cuando murió le dejo a Salomón un reino sin enemigos y con tributarios. Si tú enfrentas tus gigantes y los derrotas, tus hijos no tendrán que luchar contra ellos.

Los hijos son cautivados por los padres. Esta verdad nos habla de un proceso que comienza con una semilla y termina con un fruto. Nuestra primera responsabilidad es velar y guardar el terreno del corazón de nuestros hijos para que no se dañe.

Pastor Aldo López

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