¡Los hijos nunca olvidan los momentos significativos! 2da parte

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Cuando sabemos que un niño mayor tiene problemas necesita aún más que se le dedique tiempo, y se hace preciso escucharlo con más atención. No hay que apresurarse a ofrecerle soluciones o consejos, y no conviene sermonearlo, sino escuchar todo lo que quiera decir antes de responderle. De ser posible, hay que ayudarlo a llegar por su cuenta a las mejores conclusiones. Luego, debemos tomarnos un rato para orar y escuchar la apacible voz de Dios en nuestro corazón y nuestra mente. Él siempre está presto a aclarar nuestros interrogantes, y a menudo nos ofrece sorprendentes soluciones.

Igualmente del tiempo que se pasa con los hijos, hay que tomarse tiempo para orar por ellos. Esa es otra cosa que se suele descuidar a menos que se priorice. Hay que hacerse el tiempo. Orar por los hijos es una excelente manera de llegar a comprenderlos mejor. Dios puede revelarnos verdades acerca de ellos que no podríamos descubrir de ningún otro modo. Además, también nos hace saber cuánto los ama, lo que a su vez nos mueve a amarlos más. Y nos llena de Su amor, el cual nos faculta tanto a nosotros como a ellos para superar cualquier obstáculo.

Existen muchos padres con hijos ya crecidos dicen que una de las cosas que más les pesa es no haberles dedicado más tiempo en sus primeros años. Ello conlleva ciertos sacrificios. Al principio puede parecer que no se está aprovechando el tiempo de la mejor manera; pero vale la pena perseverar. Cada momento que se dedica a los hijos es una inversión a futuro. Las recompensas son eternas.

Para los hijos es esencial saber que pueden contar con nosotros, aun cuando nos parezca que no estamos haciendo gran cosa por ellos ni logrando nada valioso.

El mejor legado que podemos dejar a nuestros hijos es dedicarles unos minutos cada día.

Orlando Battista

Un joven abogado que gozaba de éxito profesional dijo: «El mejor regalo que me han hecho en la vida vino en un paquete muy pequeño que pesaba menos que una pluma. Me lo entregó mi padre en Navidad. Dentro había una nota que decía: “Hijo, este próximo año te obsequiaré 365 horas. Todos los días después de cenar te dedicaré una. Hablaremos de lo que tú quieras, iremos a donde quieras y jugaremos a lo que quieras. Será tu hora”. Mi padre no sólo cumplió esa promesa, sino que la renovó todos los años. Fue el regalo más valioso que me han hecho jamás. Soy el fruto del tiempo que pasó conmigo».

Moody Monthly

“Instruye al niño en su camino dice la Biblia, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6). Debemos moldear sus pensamientos, educarlos, entusiasmarlos y alentarlos; y por encima de todo, es preciso que les mostremos el camino que conduce a Dios y que edifiquemos su fe en la Palabra divina. Si hacemos eso y les damos buen ejemplo, estarán preparados para hacer frente a todo lo que se les presente en la vida.

David Brandt Berg

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