Los juicios después del reino milenario

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Cuando el reino mesiánico de mil años se termine, tendrán lugar tres juicios finales más. Éstos son necesarios a fin de prepararse para el reino eterno de Dios, que seguirá el reino milenario de Cristo. Con estos, los juicios de Dios están completos.

El primer juicio es de Satanás y los ángeles caídos (Ap. 20:10). Las Escrituras revelan que Satanás y sus secuaces angélicos serán juzgados por su pecado y rebelión     (2P. 2:4; Jud. 1:6-7) y que los creyentes participarán de su hijo (1 Co. 6:3). El destino de Satanás fue sellado para siempre en la cruz, pero no será hasta después del milenio que sea lanzado para siempre al lago de fuego. El juicio de Satanás tiene varias etapas. A mitad del transcurso de la tribulación será expulsado del cielo y confinado a la tierra. Al comienzo del reino milenario, Satanás será encadenado y arrojado al abismo. Sera liberado al final del milenio por un breve de período de tiempo. La rebelión que produzca será breve, y luego será lanzado al lago de fuego, que será su destino final, el juicio eterno.

El segundo juicio será la destrucción por fuego del cielo y de la tierra actuales         (2 P. 3:10). Esta desaparición del universo actual se predijo en varios pasajes de las Escrituras (p. ej. Mt. 24:35; Ap. 20:11). Esta distribución es necesaria debido a la maldición que persiste sobre la creación y debido a la presencia de pecado en el universo. Una vez que el cielo y la tierra actuales sean destruidos, Dios creará un cielo nuevo y una tierra nueva (21:1).

El tercer juicio a tener lugar después del reino milenario, pero antes que comience el estado eterno es el juicio de los perdidos. Este juicio es comúnmente mencionado como el juicio  ante “el gran trono blanco”, debido a su descripción en Apocalipsis 20:11-15. Todas las personas no salvas de todas las épocas serán resucitadas en este momento y tendrán que comparecer delante del Señor Jesús para ser juzgado (cp. Jn. 5:22, 26:-29). A estos individuos se les denomina “los muertos”, en contraposición a los creyentes, que se les denomina “los muertos en Cristo”. Cuando estas personas no salvas aparezcan ante el Señor, se abrirán dos libros:

El libro de la vida que será abierto en el juicio ante el gran trono blanco no incluirá el nombre de ninguno que esté en ese juicio. Los libros de las obras que también se abrirán demostrarán que todos los que son juzgados se merecen la condenación eterna (y podrían usarse para determinar el grado de castigo).

Estos libros, desde luego, no son necesarios para refrescarle la memoria al Señor, sino como una evidencia positiva para todos los implicados de que los juicios que se están ejecutando son rectos y justos. Estos perdidos son arrojados al lago de fuego, que se dice que es la muerte segunda.

Paul N. Benware profesor de la División de Estudios Bíblicos de la Philadelphia Biblical University

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