¡Los recuerdos del hogar!

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Mientras vivimos cada día, estamos escribiendo recuerdos. Cada día aporta algo a ellos y determina más plenamente el carácter final que tendrán. A menudo, nos sentamos horas con nuestros hijos y nietos, hablando acerca de nuestro hogar y reflexionando sobre el pasado. Cuando estamos juntos, reímos, lloramos y alabamos al Señor por el gran hogar que él nos ha dado.

Inevitablemente, alguien dice, “¿Te acuerdas cuando…?” Parte de la tristeza y del sufrimiento de Cristo aquí sobre la tierra debe ser tenido en cuenta por el hecho de que Él estaba lejos del hogar del Padre. El amaba los hijos de los hombres, pero extrañaba la Gloria y el gozo que Él había tenido en la casa del Padre. Esto debe ser una parte de cómo el cielo será. Constantemente estamos haciendo recuerdos, y el proceso de hacerlos determina la manera en la cual vivimos. Nuestros recuerdos harán nuestros viejos tiempos felices o infelices. ¡Eso es lo que los recuerdos hacen! Nuestros más profundos recuerdos, deberían ser los de nuestra vida diaria en nuestro hogar cristiano, tanto los nuestros como los de nuestros hijos.

Los recuerdos del hogar deberían incluir los momentos de nuestras comidas, tiempos de oración y tiempos de juegos que compartimos. Los viajes que hicimos, los animales que tuvimos, las bromas y las batallas que enfrentamos. A menudo hubieron conflictos, y también compartimos de ellos. Como una familia, hacemos recuerdos cada día de la semana, porque tú nunca sabes cuándo estarás haciendo el último de ellos. La vida es tan incierta que no sabemos nunca cuando estamos compartiendo la última comida, la última conversación o el último paseo juntos. Yo conozco una familia que termina cada conversación telefónica, email, nota y cada partida con un “te amo”. Nunca dejes la casa en la mañana si ha habido un malentendido, palabras feas o amargas, o silencio malhumorado, porque esas cosas pueden llegar a ser un amargo recuerdo de por vida. La mejor defensa del hogar son esas pocas y especiales palabras que mencionamos al principio, “lo siento,” “perdóname,” y “te amo”. “La blanda respuesta quita la ira; más la palabra áspera hace subir el furor”

(Proverbios 15:1).

Se cuenta la historia de un hombre joven con naturaleza bondadosa y gentil que dejó su hogar para ir a su trabajo. No hacía una hora que se había ido cuando su cuerpo fue traído a su casa. El andamio donde estaba trabajando se había soltado y había fallecido. Una de sus hermanas estaba más apenada que los demás. Parecía tener una tristeza en particular. Ella solo podía decir, “no fui tan amable con él esta mañana cuando se fue”. ¡Recuerdos! Una vez hechos, son eternos y no pueden cambiarse.

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