Los tres sonidos inaugurales.

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Según la descripción de Pablo, el arrebatamiento estará acompañado de varios sonidos audibles: la voz de mando de Cristo, la voz de arcángel y la trompeta de Dios. Algunos creen que estos tres sonidos deben entenderse como una gran señal del cielo. Aunque es verdad que los sonidos se escucharán solo por un breve momento, parece haber tres sonidos distintos. En vista de esta gran señal de cielo, parece difícil que el arrebatamiento sea un suceso completamente silencioso.

Bien podría ser que las personas no salvas fueran conscientes de que algo único, sobrenatural y asombroso está sucediendo, pero ellos no entenderán su importancia y significado. Esto fue lo que ocurrió en el camino a Damasco, cuando Saulo de Tarso cayó ante el Cristo resucitado, y vio su gloria por un breve momento y además escuchó las palabras que el Señor le dijo. Aquellos que viajaban con Saulo sabían que algo había sucedido, pero no entendieron las palabras dichas ni comprendieron lo sucedido   (Hch.9:7; 22:9). De modo similar, cuando se escuchó la voz del Padre tras la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén (solo una semana antes de su crucifixión) muchos escucharon la voz; pero al parecer no entendieron las palabras, pues pensaron que eran truenos o que tal vez un ángel había hablado (Jn.12:2830). Quizás, habrá un fenómeno similar a escala mundial en el arrebatamiento de la iglesia. Los incrédulos sabrán que algo asombroso ha sucedido, pero no lo entenderán. Y puede que la magnitud del seceso y la conciencia que las personas tengan de ello abran la puerta a un interés renovado por los asuntos espirituales tanto buenos como malos.

El primer sonido del arrebatamiento es la voz de mando. La palabra significa “una orden” e implica tanto autoridad como urgencia. La voz de mando probablemente venga del mismo Señor, aunque el pasaje no es específico sobre el asunto. El pasaje tampoco habla del contenido de la voz de mando. Sin embargo, es ciertamente posible que la orden sea como la que le dio al apóstol Juan cuando le dijo: “sube acá” (Ap. 4:1). O tal vez sea como la orden que se encuentra en Juan 5:28-29, al ordenar a los muertos a que salgan de sus sepulcros

El segundo sonido que se menciona es la voz de arcángel. La única otra diferencia al arcángel aparece en Judas 9. Allí se le identifica como Miguel, es o bien el líder de los santos ángeles o uno de los líderes principales. Dado que él y otros ángeles han sido comisionados para proteger el pueblo de Dios (Dn.12:1; He. 1:14), puede ser que esté presente para proteger a los santos de Dios del peligro de Satanás y sus fuerzas al pasar por su dominio. Satanás es conocido como “el príncipe de la potestad del aire” (Ef. 2:2), y el pueblo de Dios estará pasando a través de estas regiones peligrosas. No se da ninguna indicación de lo que dice Miguel, pero tal vez sea una palabra de victoria.

Se dice que el tercer sonido sale de una trompeta perteneciente a Dios. Desde los días cuando Israel acampó al pie del monte Sinaí, se usaban trompetas a fin de llamar al pueblo de Dios a reunirse para una asamblea. Moisés recibió la instrucción de hacer dos trompetas de plata para usarlas cuando se tuviera que notificar al pueblo de sucesos venideros y “para convocar a la congregación” (Nm.10:2). Esta onda expansiva escatológica de la trompeta de Dios convoca a la iglesia de Jesucristo al cielo y a tener comunicación en la casa del Padre.

  Paul. N. Benware. Profesor de la División de Estudios Bíblicos de Philadelphia Biblical University

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