¿Qué tiene de malo que sea sencillo? 1ra parte

46

Ronnie Ding me contó la historia de un pastor que, mientras estrechaba las manos de algunos miembros de su congregación después de uno de sus servicios, recibió el siguiente comentario sobre un sermón de parte de uno de ellos: “Pastor, es más inteligente que Albert Einstein”. El pastor se sintió sorprendido y halagado por la afirmación, pero no supo cómo responder. De hecho, cuanto más pensaba en el comentario, mas desconcertado se sentía. ¡No logró dormir bien durante una semana!

El domingo siguiente, le preguntó al congregante que había querido decir.

“¿Sabe?”, le contestó el hombre, “Albert Einstein escribió algo tan complicado que sólo diez personas pudieron entenderlo en su época, pero cuando usted predicó, nadie pudo comprenderlo”

Creo que muchos piensan que si un individuo, sobre todo un escritor u orador, los bombardea con una gran cantidad de información compleja o escribe con palabras difíciles con estilo denso y engorroso, es una persona inteligente y creíble. Esto parece cierto especialmente en el ámbito académico. Cuando los estudiantes no logran entender a su profesor, suelen suponer que se debe a que él es muy inteligente y sabe mucho más que ellos; no creo que ese sea siempre el caso. De acuerdo con el comentario de la agente inmobiliaria Sue Cartun: “si utilizas un lenguaje denso y rebuscado para tratar de impresionar a los demás, no podrás crear lazos con ellos. El auditorio simplemente estará a la espera de que la tortura termine”. En la mayoría de estos casos, el docente no es un buen comunicador. Mientras muchos educadores suelen transformar algo simple en complicado, los comunicadores simplifican las ideas complejas.

En su excelente libro The Power of Little Words  (El poder de las palabras simples), el escritor John Beckley, ex redactor de la sección de negocios de la revista Newsweek, observa: “En la educación, no suele ponerse el énfasis en comunicar ideas de manera simple y clara. En cambio, se nos alimenta a usar palabras y estructuras sintácticas más complejas que para hacer alarde de nuestros conocimientos y de nuestra formación… En lugar de enseñarnos a transmitir ideas de la manera más clara posible, nuestra educación nos enseña a empañar las cosas. Hasta nos inculca el miedo de que si no hacemos que nuestra escritura sea lo suficientemente complicada, se nos considerará incultos”

Creo que todos coincidimos en que muchos de los problemas que enfrentamos en la vida son complejos. Un profesor puede argumentar con toda razón que su área de conocimientos es complicada. Sin embargo, en función de nuestra condición de líderes y comunicadores, nuestra labor consiste en darle claridad a un tema, no en sumarle complejidad. No se necesita tanta destreza para identificar un problema como para encontrarle una buena solución. No se mide a un gran profesor por sus conocimientos, sino por los conocimientos de sus estudiantes. Lograr que las cosas sean sencillas, ya que es una destreza y es necesaria si deseas crear un vínculo con las personas cuando te comunicas con ellas.

John C. Maxwell 

Deja tus comentarios