Maltrato infantil y responsabilidad en la infancia

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Al traer un niño al mundo, bien sea deseado o no, asumimos una gran responsabilidad. Ésta no es por un par de meses o años, sino para toda la vida. En ese momento, el maltrato infantil nos resulta ajeno a todo el proceso. Sin embargo, por desconocimiento o inexperticia, podemos estar cerca de ejercerlo.

De acuerdo a mi experiencia, a mayor edad y nivel educativo, más se analiza el traer al mundo a un hijo. Y más aún, asumir dicho compromiso; llevando a tener uno o dos hijos como máximo, e inclusive tomar la decisión de no procrear.

Desde el mismo momento en el que nos enteramos que existe un embarazo, ya tenemos un compromiso con esa personita. Quien se encuentra creciendo poco a poco y que tras 9 meses de gesta, va a estar entre nuestros brazos. Toda responsabilidad genera un compromiso y la de un hijo no es cualquier cosa.

El detalle está en cómo y de qué manera vamos a asumir esta responsabilidad. Pues cada padre, madre o garante de la crianza, llevará a cabo su labor de acuerdo a sus propios paradigmas culturales, costumbres y nivel socioeconómico. Influenciado también sin duda, por el medio ambiente que le rodea.

En todo caso, lo significativo es hacerlo siguiendo parámetros universales de respeto y compromiso ante este pequeño ser. El grado de responsabilidad y conocimientos que tengamos y el cómo lo hagamos, marcará el futuro del niño. Aquí podemos entrar en el álgido terreno del maltrato, el cual, en algunas oportunidades no notamos que lo estamos cometiendo.

¿Qué es maltrato infantil?

Cuando oímos las palabras maltrato infantil, lo primero que se nos viene a la mente es el maltrato físico. Pero existen otras clases de maltrato tan o más dañinas que éste, tan evidente para todos.

Otros tipos de agravio psicológico, el maltrato por omisión y uno cuyas consecuencias las vemos a largo plazo. Este último está inmerso en la forma de criar, explicaremos brevemente cada uno de ellos.

El maltrato físico es cuando se agrede al pequeño golpeándolo, haciéndole heridas con cualquier objeto, propiciándole quemaduras, etc. Algunos de estos maltratos no dejan evidencias físicas para toda la vida, otros sí.

El maltrato psicológico es el que se hace de forma verbal y/o gestual, influenciando e instigando al pequeño a través del miedo. Por lo general deja secuelas y heridas emocionales que pueden perturbar a la persona durante toda su vida.

El maltrato por omisión o “dejar de hacer”, se hace de forma inconsciente por ignorancia o dejadez, creencias culturales o tradiciones familiares. Ejemplos hay muchos: no llevar al niño al médico a tiempo, no darle un medicamento o atención cuando lo amerite, no escolarizarlo, etc.

En cuanto al maltrato por formas inadecuadas de crianza, evidenciamos las consecuencias de éste, en muchas oportunidades a largo plazo. Los mimos exagerados, la sobreprotección, el hacer sentir a nuestro hijo superior a los demás, son algunos ejemplos. Asimismo, el darle siempre lo que pida, el no aplicar correctivos adecuados de forma asertiva y en el momento preciso.

Finalmente, caer en el juego de la manipulación mutua también puede generar problemas de índole conductual difíciles de canalizar. Estos factores pueden conducir a algo muy peligroso, pues al final, los maltratados pueden terminar siendo los mismos padres.

Debemos tener cuenta que los métodos que utilizaron nuestros abuelos para criar a nuestros padres, no fueron los utilizados por éstos últimos para criarnos. Ni tampoco son los mismos que nosotros aplicamos para criar, en los tiempos actuales, a nuestros hijos.

Los requerimientos y retos de cada generación son diferentes. Así como va evolucionando la tecnología, también va evolucionando y cambiando la forma de criar a los niños.

Como padres, tenemos que adaptarnos e instruirnos, aprender a manejar las situaciones y no dejarnos llevar por la corriente. El medio ambiente representa una influencia que debemos saber medir. Por último, el autocontrol, el respeto y la empatía son aspectos claves para no caer en el maltrato infantil.

Beatriz Rodríguez. Psicólogo – Terapeuta familiar

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