Matrimonio y misterio. 2da parte

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De una vez, la soledad inquietante de Adán se transforma en la expresión de su sexualidad, y la mujer se encuentra delante de él como un ser único; no hay otro. Ellos hablan el lenguaje de hombre y mujer; ellos se conocen y son conocidos. Su unión en el sexo está basada en el más elevado significado de la sexualidad humana. El juntar sus cuerpos es una expresión de sí mismos. Ninguna tercera persona puede conocer lo que aquí se conoce. Hombre y mujer son conocidos y son conocedores el uno del otro. En la unión de Adán y Eva no había testigos. Ellos estaban solos delante de Dios y delante de los ojos descubridores del otro. En esa ocasión Dios manifestó su presencia a través de su ausencia: se fue a pasear al otro lado del jardín. Ellos estaban solos y salieron de su soledad en una forma sexual. Ellos se tornaron uno en sus mentes, en sus voluntades, al amarse con sus cuerpos. Esto puede ampliarnos el significado de la totalidad que existe en la pertenencia encarnada del hombre a la mujer y de la mujer al hombre en el matrimonio.

En 1 Corintios 7:5, san Pablo hace una asociación entre la vida sexual de la pareja y su vida de oración, una posibilidad de la manifestación de lo sagrado a distintos niveles de la vivencia de la pareja. También Pedro, en 1 Pedro 3:7 , relaciona las actitudes del hombre en relación con la mujer con todo aquello que tiene que ver con la vida de oración.

El matrimonio como misterio nos apunta a lo sagrado, lo estético, lo siempre nuevo, al crescendo, al éxtasis, al acto unitivo y procreativo, a la vida misma. El misterio amplía los significados de la unión hombre-mujer y apunta a la esperanza y al gozo. El matrimonio como misterio es una continua invitación a la celebración, que puede pasar inadvertida hasta por sus propios integrantes.

Creo que quienes viven en contacto con familias y parejas, en alguna relación de ayuda, pueden correr el riesgo de tener «los ojos cerrados» al ámbito del misterio. Es muy fácil estar pendientes de los problemas que nos son presentados, de la «mejoría» de las relaciones, del crecimiento de las personas, del «buen funcionamiento» del hogar, y olvidarse de que puede haber otros recursos en lo que trasciende el nivel del problema para el enriquecimiento de la vida.

El diálogo entre Moisés y Dios relatado en Éxodo 3 nos ilustra cómo es posible adentrarnos en lo sagrado y penetrar el misterio: «…quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.

Pastor Jorge Maldonado

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