¿Por qué fracasan tantos matrimonios y se rompen tantas familias en nuestros días?

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No podemos simplificar un tema difícil y delicado. Como profesional de la psiquiatría conozco la complejidad de los conflictos conyugales y familiares. Pero tengo la convicción profunda de que muchos de estos conflictos se resolverían, independientemente de sus causas, si los cónyuges –ambos- tuvieran mayor disposición a «ser sufridos» en el sentido de buscar activamente salidas a sus problemas. Ello requiere tener paciencia el uno para con el otro, lo cual no abunda en nuestra sociedad hedonista que glorifica el bienestar individual tengo derecho a ser feliz y desprecia la lucha y el sacrificio en las relaciones personales. Muchos aplican hoy a las relaciones el principio del «mínimo esfuerzo partido por dos». Esta forma de pensar y de vivir está en las antípodas de los principios bíblicos. Los creyentes debemos revisar hasta qué punto estamos despojando nuestras relaciones familiares de este requisito primero del amor, «ser sufrido». Quizás bastaría con añadir pequeñas dosis de amor sufrido y paciencia para prevenir muchas crisis de familia y de matrimonios. Ahí radica una de las claves para correr cualquier carrera de fondo – y la vida familiar lo es- con perseverancia. Se consigue mucho más con unas gotas de miel que con barriles de hiel. De ahí la importancia del segundo requisito, saber expresar amor, que consideraremos en la segunda parte de este artículo.

Pastor Pablo Martínez

 

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