Mira cómo sacar a los jóvenes del mundo de la delincuencia.

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Jóvenes ecuatorianos, forman grupo musical estilo sinfónico, cuyo nombre es: Orquesta Sinfónica Cristiana del Ecuador. Cuyo propósito es rescatar a otros jóvenes  de los vicios dándoles una herramienta para salir adelante. Por medio de este trabajo, también llegan a corazones que no conocen de la palabra de Dios.

La música impartida, ministra el mensaje del amor de Dios, el cual llega  a los corazones. Un grupo de La agrupación lleva más de 10 años de haberse formado. El proyecto nació con un propósito claro, el de rescatar a jóvenes de situaciones riesgosas a través de la música. Así nos cuenta el pastor y músico David Mejía.

En este lugar, la música y un mensaje de paz retumban en cada rincón.

Niños, jóvenes y adultos se congregan a diario para poner su talento al servicio de Dios. Aquí se reúne la Orquesta Sinfónica Cristiana del Ecuador, en el conservatorio denominado ‘Adoradores’.

La agrupación lleva más de 10 años de haberse formado. El proyecto nació con un propósito claro, el de rescatar a jóvenes de situaciones riesgosas a través de la música. Así nos cuenta el pastor y músico David Mejía.

“Bueno, yo llegué primero a un sector llamado Unión de Bananeros, entonces en el sector había chicos ya más grandes, que esos eran los que asaltaban y cuando veían un patrullero, ellos les daban las armas a los niños pequeños. Eso me llamó mucho la atención y me preocupó enormemente y como veía muchos niños desocupados a esa hora con mi esposa decidimos dar clases de música, entonces empezamos a visitar todo el barrio anotando con algún cuadernito ahí los nombres de los chicos y cuando yo me di cuenta ya teníamos como 80 niños de todos los colores en la iglesia”, indica David Mejía, pastor y director de la Orquesta.

El espacio en el que ensayan es reducido, el calor es agobiante pero las ganas de salir adelante y sobre todo de compartir el mensaje que cambió sus vidas, es más fuerte.

“Hay gente a la que no le gusta escuchar el mensaje directamente y realmente por medio de la música, como lo hicieron conmigo, me atrajeron con música, puede ser con mucha gente también y lleguen a los pies de Cristo”, precisa Joao Montaño, miembro de la orquesta.

La Orquesta Sinfónica Cristiana está compuesta por 70 miembros. Muchos de ellos vienen de familias con conflictos, otros incluso han dejado una vida de delincuencia y drogas. Algunos miembros tienen discapacidades físicas.

“Cuando llegamos al Guasmo lo que se veía ahí a diario eran drogas, sicarios…entonces eso era lo que ofrecía esa micro sociedad se podría decir a los jóvenes, no había nada más. Ósea había escuelas y todo, pero aún en las escuelas había corrupción con algunos profesores y cosas así, entonces no había mucho qué elegir. Lo que hicimos con mi papá fue dar una opción más que es la música”, comenta Benny Mejía, director de la orquesta e hijo del pastor Mejía.

Violines, trompetas y guitarras, entonan algunos de los temas cristianos que presentan en diferentes eventos. Pero esta no es la única forma en la que comparten el amor de Dios. Además, recorren varios sectores de la ciudad para llevar palabras de esperanza a aquellos que necesitan aliento o que no logran salir del mundo de las drogas o pandillas.

Para Jeremy Montaño, trompetista de la orquesta, enseñarles a los jóvenes cómo usar un instrumento o ayudarles a desarrollar su talento, es cambiar su panorama totalmente. Dice que la música representa una herramienta importante.

“Bueno sí, ayuda bastante. Ha habido chicos aquí que han estado así en problemas y por medio de la música han podido avanzar, han podido salir y tener otra mentalidad”, indica Jeremy, miembro de la orquesta.

Desde su creación, la Orquesta Sinfónica Cristiana, no la ha tenido fácil. Al principio se financiaban vendiendo rollos de papel higiénico y servilletas en locales comerciales. En la actualidad la situación tampoco es sencilla, pero dicen que han aprendido a descansar en Dios.

Esta misión no se detiene. Dicen que solo necesitan sus instrumentos y la fe para continuar pues aún quedan muchos jóvenes en las calles que necesitan conocer de Dios y atreverse a salir adelante.

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