Mujer cristiana en el hogar

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Es importante establecer lo que la mujer es, o debe de ser, antes de hablar acerca de lo que hace, porque lo que hacemos procede de lo que somos. De ahí la importancia de tener bien claro lo que somos y, sobre todo, como creyentes, quiénes somos en Cristo. Somos mujeres redimidas para ser libres y completas, mujeres en el sentido más pleno de la palabra. Hemos sido perdonadas y cambiadas por el Espíritu Santo, y seguimos siendo transformadas a la imagen de nuestro Señor Jesucristo.Mujer

La primera prioridad de la mujer cristiana en el hogar es su Señor y su relación con Él. No podemos formar un hogar cristiano si nosotros no estamos bien con el Señor. Jesús nos dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. No importa si tienes familia, si eres soltera o viuda o divorciada, tu prioridad en tu vida es Dios mismo y si tu amor hacia Él es con todo tu ser.

No me cansaré de insistir en este tema, si no tienes un tiempo a solas con tu Señor diariamente, tu vida espiritual va a decaer y flaquear. No estoy hablando ahora de si oras con tu marido o con tus hijos, estoy hablando de ti misma a solas con tu Señor. Debemos derramar nuestro corazón al Señor, quizás hay cosas o tentaciones que ni siquiera puedes compartir con tu marido, pero sí con el Señor. Debemos buscar esa devoción a Dios y ser conscientes de su presencia en nuestra vida.

Sé que vivimos una vida moderna muy agitada, con prisas, con stress, a veces no nos alcanzan las 24 horas del día. Se entra se sale, se batalla con los hijos, se come, se ve la televisión, ir al trabajo (quien trabaje fuera de casa), hay fiestas y actividades que realizar, deportes, salidas etc. Y miles de cosas más que no dejan tiempo absolutamente para nada.

Bueno, pues si es así tienes que sacar tiempo para lo más importante, para que el motor de tu hogar siga funcionando y para que el día lo empieces poniéndolo delante del Señor y poniendo tu vida y tu corazón en sus manos. Si tienes que levantarte antes, pues te levantas, pero no seas negligente en tu devoción a Dios. Muchas veces si lo dejas por la noche, estarás muy cansada y lo dejarás para mañana y quizás mañana nunca llega.

Hay algunos cristianos que dicen que ellos solo oran cuando lo sienten, ¡qué engaño del diablo! Si es así seguro que nunca oraríamos. Acordaros de Daniel que tenía como costumbre orar tres veces al día, era una buena costumbre. Las costumbres no tienen por qué ser malas, al revés, hay costumbres que son buenísimas y debiéramos practicarlas, como el tiempo devocional diario.

Fallamos mucho en esto por culpa del diablo, pero no nos engañemos también es por nuestro propio pecado y por nuestra negligencia. Fijaros que una de las cualidades de la mujer de Proverbios es que teme a Jehová, ese temor viene de su relación con Él y del conocimiento de su Palabra. En el v. 26 dice que “Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua”, ¿cómo puede ser esto? Porque el principio de la sabiduría es el temor a Jehová, y ¿cómo puede tener la ley de clemencia en su lengua?, porque la lee, indaga en la Palabra de Dios y la memoriza y la guarda en su corazón. Para ello se necesita disciplina, tiempo y constancia.

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