¡No le des todo a tu hijo!

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No le des a tu hijo todo lo que quiere le será difícil y doloroso, pero es lo mejor que puedes hacer por él. Nunca olvides que tan importante como alimentarlo y educarlo, es que le enseñes a vivir valiéndose de sus propios medios, algún día no estarás a su lado para alcanzarle lo que necesite, por eso desde pequeño prepáralo para la vida.

Tu hijo debe disfrutar de su niñez con la inocencia propia de su edad, recibiendo amor a raudales pero a la vez aprendiendo a su manera, que en la vida no se puede tener todo lo que se quiere y eso depende de ti.

Poco a poco enséñale a cumplir sus deberes. A defender sus derechos y a practicar el orden y la disciplina, pero sin lastimarlo, para eso Dios te hizo inteligente. Acostúmbralo a controlar sus deseos y a resolver sus necesidades conforme sea posible sin alterar la naturaleza de las cosas, ni ir por encima de nadie porque todo tiene su lugar y su tiempo.

Enséñale a esperar, a decir no y a respetar el no de su prójimo, a pesar de su corta edad él irá asimilando todos tus consejos, porque los niños aunque no lo creas lo entienden todo. Juega con el hasta el cansancio, recuerda que no podrás hacerlo por mucho tiempo, pronto crecerá y tendrá otros intereses. Mientras tanto cuídalo, engríelo, guía sus pasos, pero cuando se caiga sino se ha herido enséñale a levantarse solo.

Que Dios te ilumine, para que además de darle tu amor y tu tiempo, sepas inculcarle que existe el hambre, la injusticia, el dolor, la enfermedad y la muerte. Sino lo haces, cuando crezca estará en desventaja antes los demás y frente a la vida.

En su adolescencia tendrás otras tareas que completaran su formación, pero sí de niño le diste todo lo que quería no podrás ayudarlo mucho. Y ya de hombre si logra superarse vivirás orgulloso de sus éxitos, pero sino tendrás mucha culpa de lo que pase.

En las Manos del Maestro  

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