No necesito sobrevivir

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Sobrevivir… es lo más natural para nosotros. Nacimos con el instinto de tratar de sobrevivir. Nacimos luchadores

Pero ese deseo natural de sobrevivir crea un conflicto. En Gálatas 2:20 Pablo dice: “He sido crucificado con Cristo”; no se trata de sobrevivir. Estamos atrapados entre la resurrección, pero la mayoría de nosotros no queremos ser crucificados. Este es un gran problema en la iglesia, tanto entre los líderes como para los laicos.

¿Cuál es el problema?

El deseo de sobrevivir, de protegernos, nos mantiene en un nivel de vida mediocre. Va desgastando nuestra convicción, hasta que ceder llega a resultarnos demasiado fácil, y casi nos es imposible confrontar. El resultado de esta mentalidad de supervivencia en la iglesia es el estancamiento espiritual; quizá no la muerte, pero tampoco exactamente la vida.

Su nuestra meta principal es sobrevivir a cualquier precio, ya no somos libres para tomar las mejores decisiones. Lo veo con gran frecuencia entre los líderes. Tomamos decisiones que son aceptables en lugar de tomar decisiones correctas y agradables a Dios. Hacemos una encuesta y ponemos en práctica lo que satisface a la gente, en lugar de lo que sabemos en nuestros corazones que es lo correcto.

Además, si deseamos sobrevivir, tenemos excusa para nuestra falta de efectividad. Hablamos mucho sobre ser fieles en la iglesia; poco hablamos sobres ser fructíferos. Una persona fructífera tiene que morir primero, por lo cual, dado que la mayoría de nosotros nunca ha muerto, preferimos hablar de fidelidad. Quizá no logremos gran cosa, en realidad, pero al menos somos coherentes.

Otra cosa que hace nuestro deseo de sobrevivir es robarnos la libertad y el gozo en el Señor. Por eso hoy se habla mucho de desgaste en la comunidad cristiana, y poco de “salir a trabajar”. Tratamos tan desesperadamente de sobrevivir que obramos en la carne, y eso desgasta terriblemente nuestras facultades emocionales y físicas.

Nuestro deseo de sobrevivir nos impide ser completamente obedientes a Dios. Los héroes de la Biblia se caracterizaron por una obediencia total. Pero si somos supervivientes, cuando llegamos a un punto en nuestro andar con Dios en que debemos arriesgar el pellejo, dejamos de caminar en la luz con el fin de preservar nuestra carne.

Nuestro deseo de sobrevivir nos roba el poder y la bendición de Dios. Cuando nos esforzamos por recibir la aprobación de los hombres, eso es todo lo que obtenemos. Los que nos perdemos son las riquezas de Dios.

John C. Maxwell

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