El nuevo pacto. 2da parte

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El cumplimiento del nuevo pacto

Siempre que los profetas del Antiguo Testamento hablaban acerca del nuevo pacto, lo consideraban algo futuro. Isaías (55:3; 59:20-21), Oseas (2:18-20), Jeremías (31:31-34; 32:40), y Ezequiel (34:11-31; 36:22-29) vislumbraban un tiempo cuando el Señor entraría en este pacto con Israel y cumpliría sus promesas. El cumplimiento de este pacto estaba inseparablemente asociado a la futura restauración de Israel nuevamente a su tierra (Jer 32:36-41; Ez. 36:24-25; 37:11-14). La nación nunca ha experimentado esta restauración prometida a su tierra (el pacto palestino) y, por consiguiente, no ha experimentado su restauración espiritual como nación.

Desde luego, ni la restauración física ni la espiritual podían tener lugar hasta que se hiciera el sacrificio necesario y aceptable por los pecados. El fundamento del nuevo pacto es la obra salvadora del Señor Jesucristo en la cruz. Pero aunque la muerte sacrificial de Cristo hiciera que todas las disposiciones del nuevo pacto fueran posibles, el nuevo pacto no se cumplió, con Israel en relación a la primera venida de Cristo. El apóstol Pablo, unos veinticinco años después de la cruz, seguía esperando el cumplimiento del nuevo pacto con la nación de Israel. (Ro. 11:1-32). Su argumento cuidadosamente pensado acerca del futuro de Israel en Romanos 11 es importante para una compresión del cumplimiento final del nuevo pacto.

En Romanos 9-11, el apóstol menciona “Israel” once veces, y cada vez se refiere al Israel étnico, no a los gentiles o la iglesia. Está hablando acerca de sus “parientes según la carne” (9:3). Pablo adujo claramente que, como nación, la mayoría de las personas de Israel le había dado la espalda al Señor, se había rebelado que se había endurecido en una incredulidad farisaica. Desde luego, siempre había existido un remanente que seguía creyendo, pero la nación en general se había apartado (caps. 9 y 11).

El pasaje es claro en este punto, que las mismas personas que se negaron a creer y que temporalmente Dios rechazaría, volverían a crecer y a ser recibidas en el futuro (11:7, 11-12, 15, 23-27). Mediante la ilustración de un árbol de olivo, Pablo describe que se cortaron algunas de las ramas naturales del árbol (Israel) y que se injertaron ramas silvestres (los gentiles) y recibieron vida de la “rica savia del olivo” (el pacto abrahámico). Luego dice que llegará el día cuando Dios injertará las ramas naturales nuevamente el árbol de olivo, lo cual hace vislumbrar el día de la salvación para la nación de Israel; el cumplimiento final del nuevo pacto en aquel día “todo Israel será salvo” (11:26).

Podría pensar que el término, si se lee sin considerar la usanza bíblica, se refiere a todos los israelitas sin excepción, pero la usanza del término y lo que las Escrituras enseñan sostiene lo contrario. Según la usanza, todo Israel no significa necesariamente cada individuo israelita (cp. 1 S. 7:2-5; 25:1; 1R. 12:1; 2 Cr. 12:1-5; Dn. 9:11). Los indicios de su fuerza no son solo el sentido de pueblo (Ro. 11:1), sino también la naturaleza del rechazo de la nación hacia Mesías, un rechazo de la nación en general (de los líderes y la gran masa de personas, pero no de cada Israelita). Esta usanza, como bien se sabe, se encuentra en la literatura rabínica… De este modo, Pablo afirma que la etnia de Israel en general será salva.     

El apóstol no cree que el fariseísmo, la incredulidad y el pecado de Israel los haya despojado de las bendiciones; sino, antes bien, está enseñando que llegará el día cuando Israel, como una nación, será incorporada al nuevo pacto; de este modo se cumplirán las profecías de Jeremías, Ezequiel y los demás profetas. Algunos han dicho que el término “Israel” se refiere al remanente de judíos creyentes que ha sido salvo como una parte de la iglesia a través de los siglos. Pero si este fuera el caso, Pablo nunca tendría que haber argumentado acerca de las ramas naturales “cortadas” y de la necesidad de volverlas a injertar, dado que siempre ha sido parte del olivo. No, Pablo se refiere a la etnia de Israel y predice el día “cuando Dios quiere sus pecados” en vista de “su pacto con ellos” (Ro. 11:27).

En los profetas, el cumplimiento futuro del nuevo pacto (y los otros pactos incondicionales) está relacionado con la venida del Mesías y su reino. Será en el reino milenario que este pacto se cumplirá finalmente. Israel , como nación, será regenerada, experimentará el perdón de los pecados, tendrá la morada del Espíritu Santo y un pleno conocimiento del Señor su Dios, así como las bendiciones materiales asociadas con su regreso a la tierra.

Justo antes del reino milenario habrá un período de siete años de gran tribulación para Israel. Uno de los propósitos principales de este período de siete años es llevar a la nación nuevamente el Señor, y terminar con su pecado y rebelión como nación (cp. Dn. 9:24). Durante estos siete años la nación empezará a darse cuenta por primera vez que Jesús de Nazaret era realmente el tan anhelado Mesías y comenzará a volverse en fe al Señor. Dios injertará a la nación nuevamente al olivo, e Israel estará en condiciones de recibir al Rey y su reino venidero y las ricas bendiciones del nuevo pacto. El apóstol Pablo declaró que esto debe suceder porque Dios hizo un compromiso de pacto (“por causa de los padres”), y Dios no cambia sus promesas: “los dones” (las promesas del pacto) y “el llamamiento” (la elección nacional) de Dios son irrevocables (Ro. 11:28).

El cumplimiento final y completo del nuevo pacto con Israel será en el futuro reino milenario del Mesías. Lo que dijeron los profetas sucederá en aquel tiempo. Pero si este es el caso, ¿qué parte tiene la iglesia en el nuevo pacto? Varios pasajes del Nuevo Testamento parecen indicar que la iglesia tiene alguna relación con el nuevo pacto. (cp. Mt. 26:28; Mr. 14:24; Lc. 22:20; Ro. 11:27; 1 Co. 11:25; 2 Co. 3:6; He. 8:8-13; 9:15; 12:24).   

Paul. N. Benware. Profesor de la División de Estudios Bíblicos de Philadelphia Biblical University

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