Obediencia

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Hay 3 cosas que los padres deben hacer: Amar, Disciplinar y Enseñar, pero, ¿cuáles son las responsabilidades de los hijos en el hogar? ¿Cuál es la parte de ellos?

La Biblia no dice, “Hijos, obedezcan a sus padres cuando ellos están en lo correcto”.

Dice, “Obedezcan a sus padres en el Señor porque esto es justo”… aun si ellos están equivocados (Efesios 6:1). Algunos tratarían de decir que no tenemos registro de la vida familiar de nuestro Salvador. Solo unos pocos detalles fueron escritos acerca de su vida temprana, pero ellos son reveladores. No hay palabras más hermosas que aquellas que dicen de él, “Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos” (eso es, a Su madre y a Su padre adoptivo). ¿Y quién fue Jesús? ¿Quién era este niño que obedecía? Él era el eterno Hijo de Dios. Él era el Creador del universo, “por él fueron hechas todas las cosas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho.” Él fue el Señor y Maestro de todas las huestes del cielo. ¡Qué lección de obediencia!

“Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4). Mucha gente joven tiene la idea de que obedecer y sujetarse a sus padres es una humillación, una especie de restricción auto impuesta, la cual los limita. ¿Tuvo ese efecto sobre Jesús? Sabemos que no. Una vida joven no debería ser impedida ni dejar descarriarse, si sigue cuidadosamente las advertencias de fieles padres cristianos. Ninguna joven persona que fue una vez estudiante, se estorbó o injurió por obedecer las instrucciones implícitas de padres piadosos. Jesús obedeció sus padres terrenales hasta que tuvo 30 años de edad, entonces Él dejó su hogar para llevar a cabo su obra señalada por Dios.

La obediencia debe ser absoluta; incluye aquellas cosas que son amenas como también las que no lo son. Solamente una cualidad clave es mencionada, “en el Señor”. Los hijos deben obedecer, “en el Señor”. Un padre cristiano puede requerir algo que parece estar equivocado, pero el hijo debe obedecer. “Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor (Col. 3:20). De todos modos, debemos recordar que los padres son falibles. Ninguna autoridad humana, de ninguna clase, está en lo correcto cuando ordena a alguien quebrar una de las leyes de Dios. Si un padre no creyente exige a su hijo que desobedezca la palabra de Dios, las consecuencias caerán sobre el padre y no sobre el hijo.

 La Biblia dice, “Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar” (Marcos 9:42).

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