¡Otro día comienza!

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Suena el despertador y mis ojos se resisten a abrirse, mi cerebro no acepta la idea de que hay que despertar. «¡Sigue durmiendo!» parece decirme una voz interior. Es tan agradable seguir en la cama, pero hay tantas cosas que hacer en el día que no sé por dónde comenzar.

–¡Mamá, ya estoy en pie! –oigo a mi hija Alejandra gritar desde su cuarto, mientras Luis, el niño, entra como una tromba marina a mi habitación para decirme que se le hace tarde para su escuela. ¡Debo levantarme! no hay opción, soy una mamá a tiempo completo desde que empieza el día. ¿Cómo podré con tantas cosas?

    «Hazme oír por la mañana tu misericordia,

    Porque en ti he confiado;

    Hazme saber el camino por donde ande,

    Porque a ti he elevado mi alma» (Salmos 143:8).

¿De qué forma dedicar tiempo a la lectura de la Biblia en medio de tantos quehaceres? me pregunto una y otra vez mientras hago el desayuno a mi familia y ayudo a mis hijos a prepararse para la escuela. Son tantas las actividades del día que no sé a veces qué hacer, la vida actual es muy complicada.

    «Siembra tu semilla en la mañana, y no te des reposo por la tarde, pues nunca sabes cuál siembra saldrá mejor, si esta o aquella, o si ambas serán igual de buenas» (Eclesiastés 11:6).

Mi esposo se ocupa de Luisito, quien por ser más pequeño va a otro centro escolar mientras yo llevo a la niña a la escuela; ella tiene clases de danza y música por la tarde y el niño de natación, parece demasiado. ¿Cómo dedicar tiempo a la lectura de la Biblia en medio de todo esto? Es tan importante dedicarle tiempo a Dios que hay que hacer lo posible por difícil que parezca.

¡Manos a la obra! ¡Hay que organizarse! Priorizar la Palabra del Señor es fundamental para la vida cristiana. Después de la oración matutina por los alimentos, leemos partes de la Biblia en familia, es la manera perfecta de que nuestros hijos aprendan la importancia de Dios en nuestra vida, poniendo en sus manos el control de las actividades cotidianas. Tal como alimentamos el cuerpo debemos nutrir el espíritu con la Palabra del Señor porque es fuente de alimento que edifica el espíritu.

    «No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4:4b).

Todos poseemos deberes y responsabilidades acordes con las edades y los lugares a los cuales vamos desde el inicio del día y hacerlo con seguridad y confianza de que Dios tiene el control nos llena de felicidad cristiana. A la hora de la cena cuando ha finalizado la jornada, nos reunimos de nuevo en familia y leemos porciones de la Biblia que sustenten el crecimiento de nuestra fe y el conocimiento de la Palabra de Dios.

    «Deja en manos de Dios

    todo lo que haces,

    y tus proyectos se harán realidad» (Proverbios 16:3).

Este es un hábito que como madre cristiana no dejo de cumplir por atareada que esté porque leer la Biblia es el rico alimento espiritual que salva y edifica.

    «…desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación» (1 Pedro 2:2).

¿Cuándo estás muy ocupado, cómo le dedicas tiempo a Dios?

Mercedes Eleine González. Escritora y salmista

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