El papel de las esposas en los negocios. 1ra parte

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Yo me aventuraría a decir que en la mayoría de los negocios hoy día el papel de la esposa es casi cero. Puede muy bien ser que en las primeras etapas del desarrollo de un negocio ella estaba involucrada, pero a medida que el negocio creció y prosperó, su participación fue decreciendo. A través de los años intermedios la mayoría de las esposas se ven involucradas en la crianza de los niños y mantenimiento del hogar, mientras que el esposa se dedica a desarrollar el negocio todo el tiempo. En sí mismo esto no tiene nada de malo, con tal que la esposa se mantenga activamente involucrada cuando se hacen las decisiones y en la dirección del negocio. Desafortunadamente muy pocas mujeres lo hacen, y más tarde en la vida, cuando a ellas les gustaría participar activamente de nuevo, esto es casi imposible.

Corrigiendo un desequilibrio

Cuando las mujeres no son incluidas en el proceso de hacer las decisiones, un desequilibrio real puede ocurrir en un negocio. Si, como cristianos, creemos que Dios provee colaboradoras con fuerzas que compensan nuestras debilidades, entonces no incluirlas a ellas causa a la larga un gran desequilibrio. Por supuesto, muchos hombres rehúsan tomar consejos de sus esposas. Esto es usualmente un producto del entrenamiento y observación en sus hogares cuando jóvenes; pero es también un producto derivado de algo que se llama orgullo. La mayoría de los hombres, particularmente aquellos que controlan a otros, quieren ser independientes para poder hacer las decisiones momentáneas que usualmente resultan en desastre. Esto no quiere decir que, por meramente incluir su esposa en el proceso rutinario de hacer decisiones del negocio, todos los errores serán eliminados. Pero sin vacilar yo te puedo asegurar que muchos de los problemas que he observado en los negocios operados por cristianos hubieran sido minimizados o evitados si los hombres hubiesen estando dispuestos a buscar el concejo de los esposas antes de hacer las decisiones mayores, particularmente aquellas que implicaban tomar préstamos en grandes cantidades. ¿Por qué no lo hicieron? Porque ellos sabían de haberlo hecho no hubieran podido racionalmente convencer a sus esposas de que tales riesgos eran apropiados. De este modo, en vez de hacerlo así, ellos buscaron el consejo de otros hombres con su misma mentalidad, quienes les aseguraron que ellos conocían por lo menos algún otro “jugado” que había hecho la misma cosa y le había salido muy bien. “Casa y riqueza son herencia de los padres, pero la mujer prudente viene del Señor” (Proverbios 19:14).

Pudiera parecer que yo estoy arremetiendo muy duro contra los hombres que tienen negocios, pero yo creo que nunca se puede decir con demasiada fuerza: cuando un hombre y una mujer se unen en matrimonio, no son más dos, son uno. “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. (Génesis 2:24). Por lo tanto, cada uno aporta una parte necesaria de la sabiduría de Dios a cada decisión.

La exclusión de la esposa     

Lo que comúnmente sucede en nuestra generación es que, ya que le negocio prospere o fracase, la esposa es la última en ser consultada. En nuestra pasada sociedad agraria ambos esposos estaban agudamente de su situación financiera. Usualmente el hombre araba y plantaba mientras que su esposa administraba el hogar; pero cuando llegaba el tiempo de la siega todos participaban. Por consiguiente, ella conocía tanto su esposo año por año. Hoy día, muchos hombres desarrollan negocios triunfantes solamente por encontrar que ellos tienen muy poco en común con sus esposas de muchos años, y finalmente se divorcian de ellas con hijos ya criados. Muy a menudo sucede que el cataclismo implica a una mujer más joven en la oficina, la cual parece ser todas las cosas que su esposa no es. Pocos hombres cristianos activamente buscarían jamás tal situación volátil, pero las decisiones de una sola vía a menudo permiten que esos casos de desarrollen.

El otro caso extremo es que las nuevas de un negocio en decadencia no se comunican a la esposa hasta que el colapso es inminente. Obviamente, la mayoría de las mujeres se dan cuenta cuando un negocio tiene dificultades, pero usualmente no están conscientes del alcance de la crisis. El resultado es a menudo conflicto y heridas profundas cuando la esposa se da cuenta de que aun el personal de la oficina sabía más acerca de las dificultades del negocio que ella misma.

Larry Burkett

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