¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?

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Jesucristo tiene que trabajar arduamente para que alcancemos a ver a nuestro propio modo de ser. Por naturaleza vivimos llenos de orgullo, autoconfianza, arrogancia, superficialidad, y egoísmo. El propósito de Dios es que seamos mansos y humildes de corazón, así como lo era Jesús. No siempre vemos el efecto que tiene nuestra naturaleza pecaminosa en otras personas especialmente cuando decimos o hacemos algo, ¡es una enorme gracia de parte de Dios que nos lleve a situaciones en donde recibimos luz sobre lo esto!

Numerosas veces Dios nos manda situaciones o personas como instrumentos para esas tribulaciones. De hecho, por eso mismo no reconocemos a las tribulaciones como algo que viene de parte de Dios, y se vuelve peligroso cuando permitimos que nuestros sentimientos tomen el control. Podemos sentir que nos están tratando mal, que nos entienden mal, que hablan mal a nuestras espaldas, o que nos descuidan, y por eso nos podemos decepcionar y enojar, echando la culpa de nuestros “problemas”, a otra gente o a las situaciones. (Hebreos 12:15) Nuestro alma puede llegar a ser muy activa, pero incitada por Satanás, el cual desea cegarnos para que no veamos la gracia de Dios sobre nosotros.

La finalidad de Dios para nosotros es que seamos un árbol fértil, manifestando las virtudes de Cristo. Debemos aprender a reconocer las tribulaciones como una oportunidad para vencer nuestra carne pecaminosa y ¡seamos hechos conformes a la imagen de Cristo! Ese es el propósito cuando Él nos prueba, sin importar qué instrumento utilice para hacerlo. No permitas que te aconseje tu alma con pensamientos y razonamientos humanos, porque de esa forma perderás las oportunidades. Más bien debes poner atención al Espíritu, porque él te quiere guiar a la verdad.

Encuentra tu consuelo en Dios

En los tormentos, lo más común es hablar con otros sobre los problemas, justificarse sí mismo, y buscar consuelo humano. En lugar de hacer esto deberías tomar a Davis como ejemplo. En Salmos 38 y 39 está escrito que los amigos y familiares de David se habían puesto contra él y lo querían matar; solo estaban esperando a que cometiera un error para atraparlo. En todas esas circunstancias David fue como un hombre sordomudo, no escuchó ni abrió su boca. “Porque tú lo hiciste”, dijo. (Salmos 39:9) Él vio que era un tiempo de prueba de parte de Dios, y encontró su consuelo y su esperanza en Él.

“…ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Haced todo sin murmuraciones y contiendas.” Filipenses 2:12-14.

¡Esta exhortación de Pablo es vital! Es esencial que recibamos luz sobre lo que hay en nuestra naturaleza, de forma que podamos ser purificados. Necesitamos ayuda para vernos a nosotros mismos. David oró en Salmos 13:3: “Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío; Alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte.” ¿Qué quiere decir con dormir? Es cuando estamos satisfechos con nosotros mismos, somos superficiales, y cuando no tenemos ninguna necesidad de cambiar nuestros errores. Dios nos manda luz, la verdad acerca de nosotros mismos, y si amamos la verdad podemos obtener los frutos del Espíritu; los frutos de justicia. Es lo justo humillarse bajo la poderosa mano de Dios. (1 Pedro 5:6-7) David escribe que Dios lo trató generosamente, y que tuvo misericordia de él. ¿Podemos ver a las tribulaciones de la misma manera? David era un hombre conforme al corazón de Dios.

Todas las cosas nos ayudan a bien si amamos a Dios. (Romanos 8:28) Sé lento para hablar, y pronto para oír, y recibirás tu consuelo en Dios, y no en la gente. Ese consuelo es la palabra implantada, la cual puede salvar nuestras almas. (Santiago 1:19-21) Esa palabra parte el alma y el espíritu, los pensamientos y las intenciones del corazón, las coyunturas y los tuétanos. (Hebreos 4:12) Produce vida si obedecemos lo que escuchamos.

Hay un camino en el cual precisamos andar para llegar a la vida de Cristo. Por eso está escrito: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.” 1 Pedro 4:12-13. Pablo las llama “leves tribulaciones momentáneas”, lo cual es verdad si entendemos para qué son. Nunca deberíamos preguntarnos o preguntar a otros: “¿Por qué me sucede esto?” La respuesta siempre es la misma: ¡Sucede porque Dios nos puede guiar a un mayor grado de gloria con la tribulación!

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