El problema del egoísmo

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Otro problema que debemos enfrentar para dejar de preocuparnos por sobrevivir, es el egoísmo. Una de las razones por las que las personas se esfuerzan por sobrevivir es que desean poder proteger sus derechos. Pero si queremos ser como Jesús, tenemos que renunciar a nuestros derechos. Pablo dice:

La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no considero el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo (Filipenses 2:5-9)

Siempre me emociona pensar en la vida de Jesús. Él es el máximo ejemplo de una persona a la que no le preocupa sobrevivir. Estuvo revestido de carne, como nosotros; tenía las mismas necesidades básicas que nosotros tenemos; y sin duda hubo momentos en su vida en que se sintió tentado a intentar protegerse. Jesús debió enfrentar el tema de la supervivencia desde el mismo comienzo de su ministerio, cuando fue al desierto y ayunó durante cuarenta días. Después de esto, Satanás fue a tentarlo con la posibilidad de sobrevivir. Le ofreció pan para su cuerpo, un trono de un reino terrenal y que el mundo entero se inclinara ante Él. Satanás intentaba convencer a Jesús de que se concentrara en sobrevivir.    

Ya antes de comenzar su gran ministerio, Jesús fue confrontado con la posibilidad de sobrevivir. Satanás usará las mismas tácticas con usted. Antes que pueda lograr cualquier cosa importante para el reino de Dios, le aseguro que deberá enfrentar la tentación de dedicarse a sobrevivir.

Jesús dijo algunas cosas notables  acerca de sí mismo.

  • Les aseguro que el hijo no puede hacer nada por su propia cuenta, sino solamente en lo que ve que su padre hace (Juan 5:19).
  • Mi juicio es justo, pues no busco hacer mi propia voluntad sino cumplir la voluntad del que me envió (Juan 5:30).
  • La gloria humana no la acepto (Juan 5:41).
  • He bajado del cielo no para hacer mi voluntad sino la del que envió (Juan 6:38).
  • Mi enseñanza no es mía… sino del que me envió (Juan 7:16).
  • No he venido por mi propia cuenta, sino que me envió uno que es digno de confianza (Juan 8:28).
  • Yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió me ordenó qué decir y cómo decirlo (Juan 12:49).
  • Las palabras que yo les comunico, no las hablo como cosa mía, sino que es el Padre, que está en mí, el que realiza sus obras (Juan 14:10).

¿Notó usted todos los “no” que hay en estas afirmaciones de Jesús? No son mis palabras, ni mi enseñanza, ni mi juicio, ni mis obras, sino las del Padre; no yo, sino el Padre; no mi propia gloria, sino la del Padre’

¿Cómo pudo Jesús soportar las presiones de su ministerio? ¿Cómo pudo ministrar a un grupo tan diverso como el que formaban los discípulos? ¿Cómo puedo tenerles paciencia? ¿Cómo pudo enfrentarlas presiones de una multitud que deseaba poner una corona terrenal sobre su cabeza? ¿Cómo pudo apartarse de todas esas presiones para orar? La razón es que a Jesús no le importaba sobrevivir. Si quiero ser como Jesús, también yo debo renunciar a todos mis derechos. Y usted también. El primer paso para “rebajarse voluntariamente” y renunciar a nuestros derechos, es comprender claramente que todo lo que somos, y todo lo que algunas vez podremos llegar a ser, es solo debido al poder y gracia del Señor Jesucristo. ¿Será que necesitamos una misión mayor que nosotros mismos, un propósito más allá de nuestra limitada visión?

John C. Maxwell

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