El problema del éxito 2da parte

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Pero yo no hice exactamente eso. Leí el pasaje y pensé: “Bueno, podría ayudar un poco a dar impacto a este pasaje si compartiera dos o tres buenas ilustraciones”, creía que Dios me necesitaba para sacarlo de esta situación tan comprometida. Conté la primera ilustración, y no hubo respuesta. Para entonces ya había olvidado la segunda, así que fundamentalmente dije: “Inclinemos nuestros rostros para orar”. Una maravillosa paz me inundó cuando comencé a hacer lo que Dios me había dicho que hiciera desde el principio. Mil quinientos jóvenes pasaron al frente y dijeron: “En este culto, Dios me llamó a predicar”. Seré sincero: cuando esos jóvenes pasaron al frente, aquella noche, sentí una mezcla de felicidad y tristeza. Estaba feliz por lo que Dios hacía, pero triste porque no me había usado a mí para hacerlo. Dios me enseñaba que dejara de preocuparme por mi reputación, por mi éxito. Me decía que para que yo fuera exitoso antes sus ojos, Él necesitaba mi capacidad para escuchar, no para predicar.

Si usted corre una carrera para proteger su reputación, desacelere y salga de ese camino. Quisiera sugerirle cuatro cursos de acción que lo ayudarán a lograrlo.

No se tome a sí mismo demasiado en serio. Constantemente estamos preocupados por lo que otras personas pueden pensar de nosotros, especialmente si ellas también se preocupan por su propia reputación. Cuando comenzamos a tomar más en serio a Dios, dejamos de ser tan importantes; podemos reírnos de nosotros mismos.

Cree un clima de aceptación incondicional. Debemos crear un clima en el que nos aceptemos unos a otros solo por hecho de ser hermanos y hermanas en Cristo Jesús.

Tenga más temor de Dios que de los hombres. Cuando comencemos a reconocer cuán frágil es el hombre en su calidad de humano, y cuan extraordinario es Dios, terminaremos con el síndrome del éxito y la carrera por la reputación. Entonces queremos agradar a Dios por encima de todo.

Convierta los logros en desafíos. Muchas veces descansamos en nuestros laureles y no queremos aceptar nuevos desafíos; tenemos demasiado para perder. Lo que deberíamos hacer es usar esos logros como ladrillos con los cuales construir el reino de Dios, no como pedestales sobre los cuales descansar.

Dé lugar a que trabajen los innovadores, los creadores. Debemos dar lugar a las personas que no se ajustan al molde tradicional, que se arriesgan a enfrentar la posibilidad del fracaso, y alentarlas.  

John C. Maxwell

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