¿Cuáles son las dos condiciones para obtener promesas?

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Aplicando esta enseñanza a nuestra lección sobre la responsabilidad individual de cada persona, podemos ver que aunque sabemos que Dios quiere que todos sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad ( 1 Tim. 4:4) y no quiere que nadie perezca sino que todos vengan al arrepentimiento ( 2 Pedro 3:9), hay dos factores claves que están operando en cada familia:

  1. La fidelidad de por lo menos un cristiano que viva y proclame el mensaje de Dios: “Reconciliaos con Dios” ( 2 Cor. 5:19, 20) por medio de la fe en Cristo y que esté orando por ellos.
  2. La respuesta del individuo que tiene la responsabilidad personal de arrepentirse y creer ese Evangelio de Cristo.

Por esto, amigos, estas dos responsabilidades son la parte nuestra en la salvación de miembros de nuestra familia y amigos nuestros que queremos que sean salvos. No podemos “reclamar promesas divinas” y no cumplir nuestra parte. Dios usará a cualquiera que esté dispuesto a permanecer en Cristo y pedir por otros para así llevar fruto como discípulo de Cristo. “Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre en que deis mucho fruto y seáis así mis discípulos” (Juan 15:7, 8). “Vosotros no me escogisteis a mí sino que yo os escogí a vosotros y os designé para que vayáis y llevéis fruto, para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo conceda” (Juan 15:16). Somos Sus pámpanos, Sus siervos/amigos, para colaborar con Dios en la evangelización de los que no le conocen, especialmente los de nuestra familia.

De hecho, la mayor parte del fruto de la evangelización en nuestros grupos en toda la América Latina ha venido de los miembros familiares o amigos/compañeros de clase o trabajo, vecinos o conocidos que ven el ejemplo y son atraídos al Evangelio por nuestras vidas.

Por esto es tan importante hacer énfasis siempre en el testimonio ante los incrédulos. Mi observación es que muchos se multiplican espiritualmente como recién convertidos, pero con los años dejan de seguir multiplicándose, porque se enfrían espiritualmente, vuelven a hábitos malos del pasado, son infieles, etc. Y es cuando casualmente, después de algunos años de mal testimonio, empiezan a preocuparse por sus hijos que ya son mundanos y quieren reclamar esas promesas para su salvación cuando no han cumplido bien su parte. Este no es el propósito de esas promesas hechas a los que permanecen en una vida de buen testimonio y obras.

Nunca es tarde para volver al Señor y vivir el mensaje de Cristo para luego predicarlo a los hijos y familiares. Dios es fiel para perdonar ( Is. 55: 7, 8) y para darnos poder por Su Espíritu para ser Sus testigos fieles (Hechos 1:8). Sí, va a ser más difícil si no hemos hecho nuestra parte, pero Él quiere salvar a los perdidos tanto que aún usará a un creyente arrepentido para hacer Su obra.

Sí, creamos Sus promesas, pero vivamos como Dios manda y oremos pacientemente por Su misericordia y gracia en las vidas de los que amamos. Entonces Dios puede hacer Su parte: “Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre que me envió…” (Juan 6:44).

Samuel Clark. Evangelista

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