¡La muerte y el creyente!

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Primero, los creyentes han recibido la garantía de que nada, ni la muerte, podrá alguna vez separarlos de su Señor Jesucristo (Ro. 8:38-39). Esto les asegura que no serán abandonados ni siquiera por instante al morir físicamente. Jesús dijo que nunca dejaría a su pueblo, y no lo hará.

Segundo, los creyentes no tienen por qué temer a la muerte, porque el Señor Jesús, que ya ha atravesado la muerte, está con nosotros (Sal. 23:4). Es verdad que la muerte es vista como un enemigo que todavía nos clava el aguijón, pues se experimentan varias clases de pérdidas (1 Co. 15:54-57)). Pero Jesús ha sido victorioso sobre la muerte, y en el futuro destruirá la muerte. Es interesante observar que el Nuevo Testamento se refiere a la muerte de los cristianos en términos que no son atemorizantes (P. ej. “Duermen”, 1 Ts. 4:13-15).

Tercero, se asegura a los creyentes que la muerte los llevará inmediatamente a la presencia de Cristo. El creyente o está viviendo en la tierra en su cuerpo físico o ha dejado su cuerpo material para ir a la presencia de Cristo. No hay una tercera opción, como el purgatorio o el “sueño del alma”. El apóstol Pablo dijo claramente en 2 Corintios 5:6-8 que cuando el cristiano muere y deja esta esfera de existencia, entra de inmediato a la presencia del Señor Jesús. Este pasaje no sugiere en absoluto un estado intermedio de inconsciencia o alguna clase de purgatorio.

Paul N. Benware. Profesor de la División de Estudios Bíblicos de Philadelphia Biblical.

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