La muerte y el incrédulo

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El incrédulo también continúa  en una existencia consciente al morir físicamente. Pero su destino no es un destino agradable, puesto que experimenta el castigo en el infierno (Hades). Algunos sistemas religiosos se oponen a la idea de un lugar consciente de castigo llamado infierno (Seol o Hades). Éstos señalan que estas palabras se refieren a la tumba o un foso en la tierra pero nunca se les considera equivalente al castigo eterno. Si bien es verdad que estas palabras pueden referirse a la tumba y generalmente el lugar de partida, también es verdad que se usan como lugares de castigo. “Podemos decir brevemente que en el Antiguo Testamento, Seol, por lo general, significa tumba; pero, a veces, lugar de castigo, mientras que en el Nuevo Testamento, Hades es infierno, por lo general, significan lugar de castigo; pero, a veces tumba”.

Varios pasajes de las Escrituras revelan que estas palabras se usan como lugares de juicio y castigo para el malo. Salmos 9:17 declara que “los malos serán trasladados al Seol”. Aquí, el “Seol” es un lugar preparado para los malos, y no simplemente una tumba, dado que tanto los justos como los malos van a la tumba. Proverbios 23:14 dice “Lo castigarás con vara (al niño), y librarás su alma de Seol”. Es obvio que no hay ninguna medida de disciplina que pueda librar a su hijo de la tumba.

Lucas 16:23 cuenta de un hombre rico que murió “y en la Hades alzó sus ojos, estando en tormentos”. Su castigo, después de su muerte, está claramente a la vista aquí. Muchos otros pasajes se refieren a un lugar donde el malo es consciente y es castigado en el estado intermedio (p. ej.Mt. 5:22; 11:23; 23:33).

Técnicamente, es verdad que en las Escrituras el infierno no es visto como un lugar de castigo eterno. El infierno se acabará definitivamente cuando sea arrojado al lago de fuego, pero el lago de fuego se considera claramente como el lugar de castigo eterno (cp. Ap. 20:10; 14:15). Ya sea el infierno o el lago de fuego, las Escrituras advierten bastante acerca del espanto que les espera a aquellos que no se arrepienten y acuden al Señor Jesús para recibir salvación y ser librados del juicio.

Paul N. Benware. Profesor de la División de Estudios Bíblicos de Philadelphia Biblical.

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