El punto de partida de cada entidad

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La iglesia e Israel no comenzaron al mismo tiempo y, por consiguientes, no son la misma entidad. La nación de Israel comenzó básicamente cuando Dios llamó a Abraham y prometió que haría de él una gran nación. El resto del Antiguo Testamento registra el crecimiento, desarrollo y existencia de esa nación. En realidad no hay una controversia significativa sobre el asunto del punto de partida de la nación de Israel. Ésta comenzó con Abraham y se constituyó durante los siguientes setecientos años en una nación con el pueblo, ley y tierra. La iglesia, sin embargo, no se encuentra en el Antiguo Testamento, puesto que tuvo su comienzo el día de Pentecostés como se registra en Hechos 2. La iglesia comenzó siglos después que comenzara Israel.    

Si la iglesia comenzó en el Pentecostés, entonces no comenzó ni existía en el Antiguo Testamento. Cabe observar que en Mateo 16:18 el Señor Jesús usó el tiempo futuro: “edificaré mi iglesia” (cursivas añadidas). Él no dijo “he estado edificando mi iglesia” o “edifiqué mi iglesia”. La iglesia era algo todavía futuro en el ministerio de Cristo, lo cual da a entender que no existió durante su ministerio o en el Antiguo Testamento. Sus apóstoles no habrían entendido lo que quiso decir con que edificaría “su iglesia” en el futuro, pero los detalles acerca de la iglesia les serían dados más tarde. Al tratar el asunto de la disciplina de un individuo (Mt. 18:17), Jesús les dijo que lo contaran a la iglesia o asamblea. Los apóstoles habrían entendido que estaba hablando de una asamblea judía. La declaración de Mateo 18:17 debe entenderse teniendo en cuenta la declaración anterior (Mt. 16:18) cuando dijo “edificaré mi iglesia”.

Algunas cosas debían ser certeras antes que la iglesia pudiera fundarse. Primero, según el apóstol Pablo, la iglesia es el “cuerpo de Cristo” (P. ej. Col. 1:18, 24 y Ef. 2:16; 3:6; 5:23, 30). Es evidente que la iglesia (el cuerpo) no podía existir y funcionar sin su cabeza, el Señor Jesucristo. Jesús no asumió ese rol hasta después de haber derramado su sangre en la cruz, haber sido resucitado y haber ascendido nuevamente al cielo. Fue en aquel tiempo, después de aquellos sucesos, que el Padre “sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo” (Ef. 1:22-23).

Además, la iglesia (el cuerpo) no podía constituirse sin la obra bautismal del Espíritu Santo. Esto es así porque un creyente entra en la iglesia, el cuerpo de Cristo, solo por medio del bautismo del Espíritu Santo (cp. 1 Co. 12:13). Pero este ministerio vital del Espíritu no comenzó hasta el día de Pentecostés. Sin el bautismo en el Espíritu nadie podía entrar en el cuerpo de Cristo y, por ende, la iglesia no podía existir. Ni siquiera los apóstoles estaban en el cuerpo, pero ellos experimentarían el bautismo del Espíritu poco después de la ascensión de Jesús. El día que el Señor Jesús ascendió al cielo, Él informó a sus apóstoles que la obra bautismal del Espíritu comenzaría en un futuro cercano (Hch. 1:5, 8). Diez días más tarde, el día de Pentecostés, comenzaron este y otros ministerio del Espíritu.

El apóstol Pablo también nos dice que el fundamento de la iglesia son los apóstoles y profetas del Nuevo Testamento, con Cristo como la piedra angular (Ef. 2:20). Esto sugiere dos cosas: primero, la iglesia debió haber comenzado en la época de los apóstoles si ellos son el fundamento; y segundo, no se considera que la iglesia se fundó a partir de Abraham, Isaac, Jacob y David, las personalidades clave del Antiguo Testamento. La iglesia no comenzó en el Antiguo Testamento y, por consiguiente, ésta e Israel con diferentes.

Paul. N. Benware. Profesor de la División de Estudios Bíblicos de Philadelphia Biblical University

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