¿Quiénes son los herederos de la promesa dada por Dios a Abraham? 2da parte

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En conclusión, aunque los hechos ocurridos en el nacimiento del Estado Moderno de Israel no escapan al control soberano de Dios sobre toda Su creación, en mayo de 1948 no se cumplió ninguna profecía bíblica particular concerniente al retorno del pueblo de Israel a Palestina. De hecho, en muchas de las profecías del AT donde se habla de un retorno de Israel a su tierra, colocan ese retorno en el contexto de una conversión genuina de los judíos y su consecuente restauración como pueblo del pacto (Deut. 30:1-10).

Estas palabras de Moisés, en Deut. 30, tuvieron un cumplimiento parcial en los días de Esdras y Nehemías, pero no es lo que ha ocurrido con el pueblo de Israel en la actualidad. Israel como nación desechó a su Mesías y por ese hecho fue desechada por Dios como pueblo del pacto. Y todavía en el día de hoy permanecen en la misma condición de dureza, aunque su endurecimiento ha sido parcial, como espero explicar en otros artículos de esta serie (comp. Mt. 21:33-44. Es en el contexto de ese rechazo que el Señor profetizó en el Sermón del Monte de los Olivos que el templo sería destruido, y que los judíos caerían a filo de espada y llevados cautivos a todas las naciones.

Hubo un cambio esencial en los tratos de Dios para con este pueblo, en el sentido de que el reino de Dios ha sido traspasado ahora a una comunidad de judíos y gentiles creyentes, que juntos conforman el pueblo de Dios del nuevo pacto: La Iglesia. La pregunta que debemos hacer ahora es: ¿Qué repercusión tiene todo esto en la crisis que hoy se vive en Medio Oriente?

En primer lugar, esto nos enseña que ninguna de las dos partes envueltas en este conflicto debe apelar a ningún derecho divino sobre la tierra para apoyar sus reclamos, sino más bien a principios universales de justicia aplicados a las relaciones internacionales.

Israel es un estado reconocido por la comunidad internacional, eso es un hecho; como asimismo es un hecho que los palestinos que habitaban esa tierra por generaciones fueron expulsados cruelmente de su territorio y obligados a vivir como exiliados, en condiciones muchas veces infrahumanas. En el 2001 la ONU registró 3.7 millones de palestinos refugiados.

Cual sea la solución  que se busque a ese conflicto debe tomar en cuenta ambas realidades. Plantear que el pueblo de Israel es una nación escogida para apoyar todo lo que Israel hace, no sólo es torcer las enseñanzas bíblicas, como espero haber podido demostrar, sino también dar lugar a tropiezos innecesarios. Por supuesto, también es inconsecuente en un cristiano apoyar actos terroristas como respuesta a lo que se considera una agresión injustificada. Tanto los árabes como los judíos tienen la misma necesidad del evangelio y nosotros debemos procurar ministrar eficazmente tanto a unos como a otros. Pero si damos la impresión de apoyar actos injustos, quienquiera que los cometa, no solo estamos poniendo un estorbo al evangelio delante de aquellos que están en el lado contrario, sino también de aquellos que, sin ser parte afectada en el conflicto, se sienten humanamente identificados en este problema con una de las partes.

Por otro lado, el sufrimiento de árabes e israelíes debe ser motivo de tristeza para nosotros como creyentes. No podemos permanecer indiferentes al drama humano que se vive en Medio Oriente, independientemente de si los que sufren son judíos o palestinos.

Es necesario orar para que el Señor en Su gracia común de cordura a ambas partes, de modo que se logren acuerdos justos que traigan como resultado una paz más permanente; pero también debemos clamar a Dios que envíe más misioneros a aquella región que prediquen el evangelio, el mensaje por medio del cual los hombres son reconciliados con Dios y reconciliados entre sí (comp. Ef. 2:11-16. El problema primario del hombre no es la economía, ni la política, sino las pasiones que combaten en nuestros miembros. Y esas pasiones solo pueden ser puestas bajo control por la gracia y el poder del Espíritu de Dios.

La crisis en Medio Oriente, y en muchos otros lugares del mundo, no es más que la misma que se vive hoy día en muchos hogares y en muchas sociedades, solo que a una escala mucho mayor. El problema es el pecado y la solución es la oferta del evangelio: Que Dios en Su bondad, envió a Su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, a morir por pecadores, a pagar la deuda que todos hemos contraído con la justicia divina por causa de nuestras transgresiones. Y ahora, en base a esa obra de redención de nuestro Señor, Él ofrece el perdón de nuestros pecados y el don de la vida eterna para todo aquel que cree.

¿Saben por qué nos afecta la crisis del Medio Oriente? Porque todos tenemos en nuestro interior un sentido de justicia, como seres creados a la imagen de Dios, y porque en el fondo de nuestros corazones sabemos que, por esa misma imagen, el hombre posee una dignidad especial por encima de los demás seres vivos que pueblan este planeta.

Nadie comenta el “terrible drama” que hoy padecen los perros, los gatos, los ratones y las cucarachas que hay en ese territorio, porque, independientemente de lo que digan los miembros de la sociedad protectora de animales, el verdadero drama es el de miles de hombres, mujeres y niños que en cualquier momento pueden ser destrozados por un misil enemigo.

Ese sentido de justicia que tienes en tu interior no es más que un reflejo imperfecto de la justicia perfecta de Dios, ante el cual te presentarás algún día para dar cuenta de tus pecados. Y lo que el evangelio anuncia es que Él mismo hizo provisión, a través de la persona y la obra de Su Hijo, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, más tenga vida eterna.

Pastor Sugel Michelén

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