Quienes saben relacionarse llegan primero. 3ra parte

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Pregunta: “¿Sé lo que tú sabes?”, Antes de preguntar: “¿Sabes lo que yo sé?

Durante años de trabajo como líder y pastor, traté de ayudar a los demás a resolver sus conflictos en el campo de las relaciones. La mayor parte del tiempo, cuando lograba que las personas que atravesaban estas situaciones se sentaran frente a frente a dialogar, su mayor deseo era expresar sus ideas desde su punto de vista. Querían estar seguros de hacerse entender. Cuando el conflicto me tiene como uno de sus protagonistas, trato de dejar hablar al otro hasta que “se queda  sin combustible” y entonces le hago preguntas. Sólo después de entender sus ideas intento presentar mi punto de vista sobre lo sucedió. La persona que da respuestas antes de comprender el problema es muy total.

Abraham Lincoln dijo: “Cuando me dispongo a razonar con otro ser humano, dedico un tercio de mi tiempo a pensar en mí y en lo que diré y dos tercios a pensar en el otro y lo que dirá” Si deseamos encontrar cosas en común, sería una buena idea imitarlo.

Pregunta: “¿Sé lo que tú deseas?”, antes de preguntar: “¿Sabes lo que deseo?”

Los líderes eclesiásticos son conscientes de que la concurrencia fluctúa por épocas. En la mayoría de las iglesias, la asistencia baja en el verano porque los congregantes se van de vacaciones, quieren dedicarse más tiempo a las actividades al aire libre durante los fines de semana y se sienten cansados por la dedicación que le demandan sus hijos mientras no tienen que asistir a clase.

Cuando dirigía una iglesia. Todos los años intentaba hacer algo para que la concurrencia no bajara durante el verano. Después de muchos intentos vanos, finalmente encontré una respuesta. Una primavera, le dije a mi congregación que durante el verano daría una serie de charlas denominadas “Tú lo pediste”. Alenté a los asistentes para que cada uno sugiriera el tema sobre el que más le gustaría oír, y después yo elegiría los diez  más solicitados. Miles de personas participaron, y luego elegimos los diez principales, los que se convirtieron en los temas de los sermones de esa temporada. El resultado fue que el número aumentó en vez de disminuir. ¿Por qué? Porque yo estaba al tanto de lo que ellos deseaban saber.

El inventor Charles F. Kettering expresó: “Hay una gran diferencia entre saber y comprender. Puedes saber mucho sobre algo y en realidad no comprenderlo”. Esto también se aplica a las personas. Es posible que conozca muy bien a alguien pero, aun así, no lo comprendas. La respuesta no siempre es contar con más información. Para entender verdaderamente el prójimo, debes saber qué desea, y esto requiere que vayas más allá de su intelecto y llegues a su corazón.

Cuando realmente quiero conocer a alguien, le hago tres preguntas. Sus respuestas me permiten comprender muy bien sus sentimientos. Se trata de las siguientes:

  • ¿Cuáles son tus aspiraciones, tus sueños?
  • ¿Qué te hace cantar?
  • ¿Qué te hace llorar?

Al conocer las respuestas a estas preguntas serás capaz de encontrar puntos en común y de establecer una relación con otra persona. No puedo pensar en nada mas importante para la comunicación que la capacidad para buscar cosas en común con los demás. Los intereses mutuos permiten que las personas puedan hablar de las diferencia, compartir ideas, encontrar soluciones y comenzar a crear algo en forma conjunta. Por lo general, muchos consideran a la comunicación el proceso mediante el que se transmiten grandes cantidades de información a los demás. Sin embargo, esa idea es errónea. Como ya mencioné, la comunicación es como un viaje. Cuantas más cosas en común tengan dos personas, mayores probabilidades tendrán de viajar juntas.

John C. Maxwell 

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