Razones legítimas para invertir.

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Hay varias razones legítimas para que un cristiano invierta:

Primero, para promover la obra de Dios. Algunos cristianos ha recibido el don de dar (Romanos 12:8). Para ellos, la multiplicación de los bienes materiales es una extensión de su ministerio básico dentro del cuerpo de Cristo. Aun para aquellos que no tienen el don de dar, las inversiones son una manera de preservar y multiplicar el exceso que ha sido provisto para una fecha ulterior. En hechos 4:34, los creyentes vendieron sus posesiones y entregaron el precio para satisfacer las necesidades de otros creyentes. Dios bendice algunos con excedentes para que sean usados en una fecha posterior.

Segundo, responsabilidad hacia la familia. Se nos amonesta a proveer para los de nuestra casa (1 Timoteo 5:8). Esa provisión nunca fue limitada a la duración de la vida del padre. Esta se extendía para proveer para su familia aun después de su muerte. No todo el mundo puede hacerlo, pero si los que pueden proveen para satisfacer sus propias necesidades, la iglesia es más capaz de concentrarse en las necesidades de los pobres. “Si un hombre engendra cien hijos y vive mucho años, por muchos que sean sus años, si su alma no se ha saciado de cosas buenas, y tampoco halla sepultura, entonces digo: Mejor es el abortivo que el” (Eclesiastés 6:3).

Si los padres creen que Dios quiere que sus hijos cursen una carrera universitaria, ¿es acaso más espiritual esperar que el gobierno y los bancos eduquen a nuestros hijos que acumular para cuando llegue la necesidad de sus educación? La parábola de la hormiga en Proverbios 6:6 dice que debemos observar sus caminos, y ser sabios. Una de sus maneras es planear hacia el futuro por acumular. En una economía altamente inflacionaria, aun para acumular se requiere inversión.

Larry Burkett

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