Algo en qué pensar

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En mis primeros años de vida cristiana, me encontraba orando por uno de mis hermanos que era el más rebelde y el que menos se interesaba por las cosas de Dios.

En ese instante tuve una visión y vi las llamas del infierno y distinguí que mi hermano era el que estaba allí, quedé espantado con lo que vi y me dispuse a orar fervientemente por su salvación. Lo primero que hice fue atar al hombre fuerte (esto es al diablo) atar todos los poderes demoniacos que habían atado su mente sus emociones y su voluntad.

Me mantuve firme en esta oración por diez días; después de este tiempo mi hermano me vino a buscar diciéndome ayúdame que quiero cambiar pero no sé cómo hacerlo. Dentro de mi corazón le di gracias a Dios porque entendí que había sido eficaz el haber atado al hombre fuerte. De todos mis hermanos él fue el que tuvo una de las conversiones más radicales.

Padre gracias por la autoridad que me has dado para atar al hombre fuerte y desalojarlo de cada una de las áreas de mi vida y de mi familia. Gracias porque esto es por la revelación de Tu Palabra que lo he recibido. Amén.

Pastor Cesar Castellanos

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