El UNICO Pecado que Dios no perdona

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Blasfemar contra el Espíritu Santo de Dios.

Este tema, muy reflexivo y el cual he considerado demasiado importante debe ser muy aclarado y tomado en cuenta en el mundo religioso.

Antes de entrar en el tema, es importante que definamos ¿Que es la blasfemia?

De acuerdo a la enciclopedia Wikipedia blasfemia significa: La blasfemia (del griego βλασφημία: blaptein, «injuriar», y pheme, «reputación») etimológicamente significa que es una mentira, por ejemplo, si alguien dice “Este hombre blasfema” significa que lo que está diciendo este hombre es mentira”.

La blasfemia es una ofensa a una divinidad. Es un insulto o irreverencia hacia una religión o hacia lo que se considera sagrado. También la blasfemia es una palabra o acto ofensivo en contra de cualquier persona o cosa respetable.

En algunos países existen leyes en el código contra la blasfemia donde las sanciones pueden variar dependiendo de su gravedad. Entre estos países están: Alemania, Austria, Dinamarca, España, Finlandia, Irlanda, Países Bajos, Suiza y otros. Algunos países han intentado reformar esas leyes o derogarlas.

En los países musulmanes, las leyes contra la blasfemia son más estrictas y las sanciones son bastante severas, con cadena perpetua o incluso la pena de muerte.

Para el judaísmo, los que blasfeman deben ser condenados a muerte, según el libro de Levítico (capítulo 24), en el Antiguo Testamento.

En el cristianismo, según dijo Jesús, escrito en el Evangelio de San Marcos (capítulo 3), todo tipo de blasfemias son perdonadas pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca obtendrá el perdón, llevará su pecado para siempre. En Mateo 12:31 encontramos la referencia a lo que dijo Jesús, “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; más la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada.” Considera el contexto de este versículo. En el capítulo 11 ciertas ciudades judías rechazaron a Jesús.

Uno de los episodios de rechazo se encuentra en el relato de Belcebú (Mateo 12:22-37). Este comienza cuando Jesús sana a un ciego y sordo. Lo terrible para los líderes judíos es que la gente está tan entusiasmada por el milagro que empiezan a preguntar en voz audible si Jesús debe ser “el Hijo de David” o no –esto es, el Mesías (vers. 23)

Los frustrados Fariseos no pueden negar la realidad del milagro, pero pueden negar que el mismo vino de Dios. Su solución es que Jesús está ligado con el “príncipe de los demonios.” (vers. 24)

Jesús inmediatamente toma la ofensiva diciéndoles que si Él estuvo curando gente por el poder de los demonios, entonces el reino de Satanás estaría dividido contra sí mismo y estaría en ruinas (vers. 25-28). Jesús argumenta que en realidad, Él es el mayor enemigo del Diablo. Él se compara a sí mismo con un ladrón que ata al hombre fuerte para poder robar su casa (vers. 29). En otras palabras, Jesús el Cristo (Dios con nosotros) ha invadido los territorios ene

Migo del “príncipe de este mundo” (Juan 12:31; 14:30; 16:11) para rescatar a los hijos de Dios.

El punto culminante de la confrontación en la historia de Belcebú llega en Mateo 12:30-32. En este pasaje Jesús no solamente advierte a los oyentes de que no hay neutralidad en la gran lucha entre el bien y el mal, sino que sigue diciendo que cualquiera que acredita el trabajo de Dios a Satanás ha cometido el pecado imperdonable (vers. 31). Mientras es técnicamente verdad que la gente puede hablar contra el Hijo y todavía ser perdonado, no pueden hacer lo mismo y ser perdonados si están bajo la convicción del Espíritu Santo de que Jesús es el Mesías. Hacer tal cosa sería rechazar la incitación del Espíritu Santo en sus corazones y mentes. El resultado es una conciencia endurecida (1° Timoteo 4:2; Tito 1:15) que no puede más responder al trabajo del Espíritu de llevar la gente al arrepentimiento y confesión de sus pecados (Juan 16:8). Tales rechazadores están más allá del alcance del Espíritu de Dios, porque han cerrado el canal a través del cual Dios puede alcanzarlos. Cuando esto sucede, están más allá de toda esperanza. Han cometido el pecado imperdonable.

Muchos cristianos sensibles se preocupan de que han cometido el pecado imperdonable. El hecho de que están conscientes es una indicación de que todavía están escuchando al Espíritu y desean responderle. Frederick Bruner tiene razón sobre el asunto cuando escribe, “el espíritu del pecado contra el Espíritu es uno inflexiblemente despreocupado. Es impenitencia, la falta de voluntad para arrepentirse… no es un conjunto de actos descuidados, es un estado de dureza.” (Bruner, 1:462)

Ahora en la actualidad, ¿De qué manera puede una persona blasfemar contra el Espíritu Santo?

Un ejemplo de blasfemar contra el Espíritu Santo, es cuando en las congregaciones ante las manifestaciones de hablar en lengua, las personas puedan pensar que son espíritus los que hablan, o es brujería. También cuando ocurren milagros portentosos, llegar a pensar que es magia u otros poderes actuando. Siempre la blasfemia está asociada a decir o a pensar, que algo que hizo el Espíritu de Dios se le atribuya a satanás (por medio de espíritus, magia, brujería o poderes extraños). Las personas que actúan asi, no es por ignorancia lo hacen por un corazón endurecido y obstinado que les es placentero e insisten en vivir en el pecado. Por lo que no pueden aceptar el convencimiento del Espíritu Santo.

Importante saber que negar la existencia del Espíritu Santo de Dios, o no considerarlo como persona, también es un irrespeto y blasfemia.

Por otra parte es bueno aclarar, que si a una persona le cuesta creer que es el Espíritu de Dios obrando y manifestándose, pero tampoco atribuye la manifestación a otra razón. Déjeme decirle que eso no es blasfemar contra el Espíritu Santo de Dios, eso se llama incredulidad y la persona tiene la oportunidad de ser convencido por el Espíritu Santo de Dios.

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