¡Él sembró eternidad en el corazón humano¡ 1ra parte

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El ser humano adora. Es decir, rinde culto a quien o a lo que considera superior a sí mismo. Lo mismo adoran los creyentes que quienes se asumen ateos. La diferencia de su adoración está determinada por quién o por qué es el sujeto/objeto de su adoración. Al través de los tiempos se han propuesto diversas razones por las que el ser humano se inclina a adorar. Vulnerabilidad, dependencia, consciencia de lo eterno. Desde la representación de la fe judeo-cristiana asumimos que al ser creados a imagen y semejanza y animados por el Espíritu de Dios, los seres humanos necesitamos mantenernos en comunión con nuestro Creador y, al poseer su imagen y semejanza, tenemos consciencia de la trascendencia de nuestra vida. Esto es lo que el Predicador define con manera tan sencilla al asegurar que Dios sembró la eternidad en el corazón humano. Eclesiastés 3.11 NTV

Al llevar con nosotros el Espíritu de Dios, este produce en nosotros un anhelo de él. Los Salmos se refieren a este anhelo de diferentes maneras: Una voz interna me dice: ¡Busca a Dios! Por eso te busco, Dios mío. Salmo 27.8 TLAD Dios mío, tú eres mi Dios. Con ansias te busco desde que amanece, como quien busca una fuente en el más ardiente desierto. Salmos 63.1 TLAD  ¡Así como el ciervo jadea anhelando el agua, te anhelo yo, Dios! Tengo sed de Dios, del Dios vivo. ¿Dónde hallarlo, para ir a estar en su presencia? Salmo 42.1, 2 NBD Puede ser que, como dice el Predicador, no podamos comprender todo el alcance de lo que Dios ha hecho, lo cierto es que los seres humanos anhelamos algo –alguien-, que trasciende, dirige y fortalece nuestro espíritu.

El ser humano es un ser eusocial.  Es mucho más que un ser social, tribal. El término eusocial se refiere a que el ser humano ha sido dotado con una capacidad altruista. Es decir, no sólo es capaz de vivir en sociedad sino hasta de actuar en contra de sí mismo cuando se trata de beneficiar a los otros. Desde luego, debemos aceptar que tal capacidad ha sido erosionada por el pecado y que tiene mucha razón aquello de que Homo homini lupus. Contra la idea de muchos de que, por naturaleza, el hombre es malo, la Biblia nos enseña que, al ser creado a imagen y semejanza de Dios, el ser humano es bueno por naturaleza y que su maldad se explica sólo por el pecado. Pero, también la Biblia dice que, en Jesucristo, hemos recuperado nuestro estado original y, por lo tanto, Cristo mismo nos ha traído la paz… Cristo derribó el muro de hostilidad que nos separaba… Hizo la paz entre judíos y gentiles al crear de los dos grupos un nuevo pueblo para él. Cristo reconcilió a ambos grupos por medio de su muerte en la cruz, y la hostilidad que había entre nosotros quedó destruida. Efesios 2. 14ss NTV

El elemento más importante de nuestra salvación es que, por Cristo, estamos en paz con Dios. La salvación es un estado, una condición, al que Pablo llama un privilegio inmerecido. Romanos 5.1, 2 NTV En tal estado Dios nos ha dado su Espíritu Santo para llenar nuestro corazón con su amor. Así que nuestra adoración (nuestro mucho amar a Dios), responde al amor con que él nos ha amado y nos ama. Bien nos recuerda Juan: Como ven ustedes, si amamos a Dios es porque él nos amó primero. 1 Juan 4.19 NTV

Ministerio Vida y Palabra. Ministerio de Casa de Pan

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