¡Él sembró eternidad en el corazón humano! 2da parte

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El segundo elemento más importante de nuestra salvación es que ahora somos miembros de la familia de Dios, somos iglesia, somos el cuerpo de Cristo. De acuerdo con lo que la Biblia dice, el estado de salvación, la comunión plena con Dios mismo, sólo es posible en el ámbito de la iglesia. Los dones, las capacidades y los espacios de servicio como colaboradores de Dios, se reciben, se desarrollan y se cumplen plenamente en tanto cuerpo de Cristo. 1 Corintios 3 Más aún, de acuerdo con Juan, nuestro amor a Dios sólo se hace visible en nuestro amor a los hermanos. Dice: Si no ama al hermano que tiene delante, ¿cómo puede amar a Dios, a quien jamás ha visto? 21Dios mismo ha dicho que no sólo debemos amarlo a él, sino también a nuestros hermanos. 1 Juan 4.20, 21 NBD

Estos dos elementos: que estamos en comunión con Dios y que somos miembros los unos de los otros, en tanto que somos cuerpo de Cristo, son los que dan sustento a nuestro culto y explican la importancia que tiene el congregarnos regularmente para ofrecer culto comunitario a nuestro Señor.

El culto es la expresión pública que los creyentes hacemos de nuestra fe y, sobre todo, de nuestra adoración nuestro amar mucho- a Dios. Al reunirnos públicamente damos testimonio de a quien adoramos, revelamos cuál es la causa que explica nuestra forma de vida y convocamos a otros para que también ellos adoren al Señor. Lamentablemente hemos limitado nuestro culto a cuestiones meramente litúrgicas que no siempre resultan congruentes con nuestro modo de vida cotidiano. Y, lamentablemente, también, hemos descuidado el cultivo del sentido comunitario de nuestra fe y de nuestra experiencia como discípulos de Cristo. Quizá nos sobran himnos y nos hacen falta más espacios y alternativas de convivencia. Hechos 2.44ss; 4.32ss NTV

¿Qué pasa si dejamos de congregarnos? ¿Podemos adorar a Dios si no estamos en comunión y trato constante con nuestros hermanos en la fe y compañeros de camino? Quien deja de congregarse rompe, o cuando menos debilita, el vínculo del Espíritu que le une a sus hermanos. Renuncia a la compañía y sale del ambiente en el que sus dones, sus capacidades y espacios de servicio son viables. Deja de ser capacitado y resulta cada vez menos apto para cumplir con la obra del ministerio que le ha sido encomendada. Efesios 4.11ss NTV En consecuencia rompe, separa al cuerpo de Cristo. Le niega a este el beneficio de los dones, capacidades y espacios que le compete aportar, al mismo tiempo que se priva a sí mismo de las bendiciones que ser miembro de la iglesia le significan.

Quien se compromete con, y disfruta de la comunión con sus hermanos recupera su característica eusocial. De manera natural sale de sí mismo y sirve al prójimo. Así hace evidente su amar mucho a Dios y encuentra sencillo y gratificante amar al prójimo como a sí mismo. Es decir, descubre lo que es amar a Dios en espíritu y en verdad. Juan 4.21ss NTV

Termino proponiendo que los modelos tradicionales de nuestros cultos se han vuelto cada vez más menos trascendentes en la vida de los creyentes y de las congregaciones. Que es tarea de la iglesia, de la totalidad de los congregantes en cada iglesia local, el buscar la dirección divina que nos permita descubrir la forma en que nuestras reuniones sean expresión dinámica de nuestra adoración cotidiana al mismo tiempo que punto de partida y de empoderamiento para hacer la vida en el poder del Espíritu Santo. No ahoguemos con nuestros ritos la semilla de eternidad plantada en nuestros corazones.

A esto los animo, a esto los convoco.

Ministerio Vida y palabra. Ministerio de Casa de Pan

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