Sufrir por Cristo vs Vivir como un rey. 1ra parte

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Hace algún tiempo yo tuve la oportunidad de observar la aplicación errónea de un principio bíblico a la vida de las personas. El primero era un creyente que trabajaba en un ministerio cristiano a tiempo completo. Juntamente con su dedicación a servir a otros, él se había sometido con su familia a una vida de virtual pobreza. El sinceramente creía que para servir a Cristo, uno tenía que renunciar a toda posesión de bienes del mundo y parecer pobre. El decidió vender la casa de la familia, la mayor parte de los muebles y la mayoría de sus otras posesiones.

Club Bíblico

Su justificación bíblica estaba basada en Lucas 9:3: “Y les dice: No toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengáis dos túnicas cada uno”.

Cristo estaba enseñando a sus discípulos una verdad sencilla: confiar en Dios. Él es suficiente. No hay duda de que cada uno de nosotros necesita actuar conforme a este principio. Dios nos enseña a través de toda la Escritura que las palabras sin las correspondientes acciones no significan absolutamente nada. En una generación en la que la mayoría de la gente vive bajo el miedo, Dios espera que su pueblo viva por la fe.

Este pasaje no deja dudas de que Cristo ordenó sus discípulos que no tomarán provisiones en esta misión, ellos deberían vivir por fe; aquellos a quienes iban a ministrar deberían suplir sus necesidades. Además no cabe duda de que desde aquel entonces Cristo ha ordenado a muchos otros hacer la misma cosa. Uno muy notable entre nosotros fue Jorge Muller, sin embargo hay una cosa que distingue a los que han sido escogidos por Dios de aquellos se imponen a tales cargas a sí mismo: una actitud de paz y de gozo.

Este ciertamente no era el caso del individuo con el cual ya no me reuní. Él era egoísta en su consagración, y abiertamente criticaba a otros cristianos que estaban viviendo vidas “carnales y mundanas”. Estaba al borde la amargura y tenía rebelión en su hogar. Su esposa estaba resentida por el abrupto cambio en el estilo de vida de la familia. Ella alegaba que la primera respuesta que él daba a cualquier petición de cosas materiales de parte de ella o de los hijos era: “Dios no quiere que nosotros tengamos eso”. Mientras tratábamos de hacerle ver lo inconsecuente que era este proceder con lo que él estaba haciendo, más se justificaba calificándolo de sufrimientos por el Señor. Yo le señalé que otro grupo había opinado igual que él.

Legalismo.

Los fariseos del tiempo del tiempo de Cristo hacían lo que, ellos pensaban, eran grandes cosas para Dios, y muchas de las cosas que hacían eran en realidad las correctas. Oraban, ayunaban, diezmaban. Cristo nunca cuestionó sus acciones: El reprochó sus motivos.

Mas ¡ay de vosotros, fariseos! Porque pagáis el diezmo de la menta, y la ruda, y toda clase de hortaliza, y sin embargo pasáis por alto la justicia y el amor de Dios; pero esto es lo que debíais haber practicado, sin descuidar al otro. Lucas 11:42

Ellos estaban tan ciegos en su propia justicia que no podían ver las verdaderas promesas de Dios. El los enfrentó a esta verdad en Mateo 12:7: “Pero si hubierais sabido lo que esto significa: “Misericordia quiero y no sacrificio”, no hubierais condenado a los inocentes” algunos eran inocentes en su pobreza, mientras que otros requerían lo mejor de todas las cosas. Pero a los ojos de Dios todos sufrirían en un mal común”.

Larry Burkett   

 

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