Sufrir por Cristo vs Vivir como un rey. 2da parte

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Es interesante como cristianos que creen en la Biblia algunas veces se aferraran a un pasaje de las Escrituras en particular para justificar sus acciones mientras pasan por alto otras referencias contrarias a su “revelación” personal. Esto no es para desacreditar la distinción del creyente del mundo. Dios nos llama a cada uno de nosotros a un estilo de vida radical, entrega total a Él, pero rara vez el Señor llama a uno de los suyos a pobreza voluntaria. El nunca escoge a un individuo tal estilo de vida sin otras verificaciones de este llamado. Estas verificaciones serian por lo menos amor, compasión y aceptación de que Dios no llama a todo el mundo a sacrificarse de la misma manera.

Esa verdad se pone de manifiesto en la Escritura cuando Pedro declara a Cristo que está dispuesto a ir a presión y morir por su fe. Cristo le contestó que él iba a negar su fe tres veces antes que amaneciera. Entonces recordó a sus discípulos de la vez anterior cuando se les instruyó que salieran sin llevar previsiones, sólo que en esta ocasión Él le dio nuevas instrucciones.

Y les dijo: Cuando os envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, ¿acaso os faltó algo? Y ellos contestaron: Pero ahora, el que tenga una bolsa, que la lleve consigo, de la misma manera también una alforja, y el que no tenga espada, venda su manto y compre una.          Lucas 22:35-36.

La posesión de cosas materiales o la ausencia de éstas no son un impedimento para servir a Cristo nuestra actitud de las mismas sí lo es.

Es importante que nosotros no asumamos la función de consejeros de Dios en el área del sacrificio. Dios sabe para qué ha llamado a cada uno de nosotros y el nos equipa para hacerlo. En el caso del cristiano que mencioné, la evidencia era conclusiva de que mucha más oración sería necesaria antes de que él pudiera hacer una decisión de sufrir por Cristo de esta forma.

Vivir como un rey

Poco después de la situación del “síndrome de pobreza”, me puse en contacto con otro cristiano que también estaba dedicado a tiempo completo al trabajo cristiano. Pero este representaba el caso opuesto y extremo mucho más popular. “Yo soy un hijo del rey”, decía, “y voy a vivir como tal”. Para enfatizar su punto de vista, él me contó de su automóvil de $40.000, de la escuela privada de su hijo, su nueva casa, la piscina, y otras cosas. Al indagarle un poquito, me contó como Dios lo había dirigido a una compañía de venta de viviendas con un sistema de mercadeo de pirámide, y como él era uno de los principales nuevos distribuidores. Esto era una gran oportunidad para ayudar a otros de una manera más práctica, me dijo. Pronto supe por sus comentarios que él estaba reclutando gente adicional para “ayudar”. El prosiguió por declarar que Dios realmente quiere bendecir a su pueblo, y a menos que un cristiano tenga éxito materialmente, Dios no lo está bendiciendo.

Larry Burkett     

 

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