¿Tendría que ser el divorcio la única alternativa?

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Este cuadro me toca muy de cerca, porque mi hija mayor lo experimentó. Cuando ella tomó sus votos fue con la firme creencia no solo de que su prometido era un hijo de Dios nacido de nuevo, sino uno llamado también al ministerio. Ella lo conoció en una universidad cristiana y estaba convencida de que ese matrimonio era la voluntad de Dios para su vida después de haber orado por años para que El la guiase en su elección para un esposo. ¡Así que imagine el espanto y horror que ella experimentó en la luna de miel cuando empezó el abuso verbal! En los próximos cinco años y después del nacimiento de un hijo el abuso se convirtió en físico mientras seguía el gritar y empujar.

 Pero la “gota que rebozó la copa” fue cuando ella descubrió pornografía fuerte en su maletín y lo confrontó con ello. En este punto fue que se me dio a conocer el problema, porque mi hija estaba empeñada en solucionar las cosas y ocultarlo. La situación se tornó infinitamente peor, por el hecho de que yo había estado usando al yerno en la Iglesia como un joven pastor. Solo después me enteré de que él había intentado de tocar una de las adolescentes de una forma inapropiada y había dicho profanidades en la presencia de algunos de los muchachos.

Lo despedí inmediatamente, pero después de falta total de arrepentimiento después de un repetitivo consejos  algunos en la presencia de sus padres yo me vi forzado a traer el asunto ante la Iglesia, algunos en las presencia de sus padres según las instrucciones del Señor Mateo 18:17. Pero aun después de medidas tan horrendas, su conducta no cambió y el matrimonio fue intolerable para mi hija. Ella vino a mí en lágrimas y me pidió consejo. Para ese tiempo su actitud y acciones fueron  dolorosamente obvias para toda una cizaña entre el trigo.

Mi consejo para ella y para cualquiera atrapado en una situación similar, es que se obtenga una separación legal, una orden de restricción y se lleve el proceso a los tribunales. Esto provee un grado de protección para el abusado, sin violar los límites del matrimonio, por lo tanto dejan la puerta abierta para la reconciliación. En este caso particular, su respuesta inmediata fue de demandar para divorcio y, bajo las circunstancias, no lo protestamos. Después él se volvió a casar  y a divorciar dos veces y (actualmente vive con otra). Los votos de mi hija fueron hechos en buena fe, pero ella fue intencionalmente engañada por un instrumento del Diablo para casarse con alguien que era diferente a como el mismo se presentó. Por estas razones, yo creo que el matrimonio subsiguiente (y muy feliz) no es adultero.

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