¿Qué tipo de recuerdos tendrán tus hijos del hogar?

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Deberíamos encarar el asunto ajustadamente, estando completamente seguros que los hijos que enviamos al mundo nunca escaparán plenamente de los recuerdos e influencias del hogar. Si el hogar de la niñez ha sido justo y dulce, su bendición irá con ellos por toda la vida.

“El pecado puede barrer sobre el alma como un fuego devastador; la tristeza puede apagar todo gozo y esperanza; pero el recuerdo de un dulce y bendecido hogar vive como una estrella solitaria alumbrando en lo profundo de la noche. Y aun en medio del pecado, su cuadro flota delante de la mente como un sueño evanescente.”recuerdos

Aquí está el testimonio de un hombre: “Recuerdo noches en que estaba acostado quietamente, en la pequeña habitación de arriba, antes de que me llegara el sueño. Se acercaban suaves pisadas por la escalera, la puerta silenciosamente se abría y una silueta bien conocida, suavemente se deslizaba a través de la oscuridad, y se ubicaba al lado de mi cama.

Primero, unas pocas y amenas preguntas de afecto, las cuales gradualmente se profundizaban en palabras de consejo. Entonces se arrodillaba, su cabeza cerca de la mía, sus más fervorosas esperanzas y peticiones fluían en oración. ¡Cuánto una madre puede desear para su muchacho! Sus lágrimas hablaban del fervor de su deseo. Me parece sentirlas todavía cuando a veces caían sobre mi rostro. Levantándose, con un beso de buenas noches, se iba.”

Un recuerdo como este es el más grande regalo que un padre puede dejarle a su hijo.

Será un guardián contra la tentación y el pecado. Proveerá una cadena de oro atando a sus hijos a los pies de Dios. ¿No es valioso llenar la vida de un hijo con recuerdos como estos?

¡Cuán descuidados los padres podemos ser! ¡Cuán negligentes! ¡Dios nos perdone y ayude!

A veces, la tristeza no es tomada apropiadamente. Si un hogar es un verdadero hogar cristiano, la tristeza no echará fuera todas las luces. Más bien hará el hogar más tierno y amoroso. Arrastra el hogar más cerca de Dios. La tristeza santificada transforma un hogar, y trae más de Dios hacia él. De modo que sucederá que el recuerdo de una tristeza pruebe ser el más tierno y firme broche que ligue para el  hogar y corazones juntos.

Ya cerrando este libro, hay algunas cosas que nunca debemos olvidar. Debemos tener a Cristo en nuestros hogares, si nuestros recuerdos han de ser todo lo que deberían. Debería haber un altar familiar donde en algún momento cada día toda la familia se reúna para oír la

Palabra de Dios y orar juntos. En este siglo 21 rápidamente nos movemos por el mundo.

Pronto, todo lo que permanezca será el recuerdo de nuestras vidas. El más fuerte fundamento que nos dará estabilidad, dirección y propósito en nuestras vidas es un Hogar Cristiano (I Cor.3:11-13).

Se cuenta una Hermosa historia de Mozart. Su última composición musical fue su Réquiem. Después de días de enfermedad y de la labor más dolorosa, estuvo terminado. Su hermosa hija Emily vino a su habitación justo cuando estaba escribiendo las últimas notas, y Mozart puso en sus manos el manuscrito, diciendo, “Aquí está, mi hermosa Emily, está terminado; mi Réquiem está terminado, y yo también, estoy terminado.”

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