¡Transformación!

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La Madre Teresa de Calcuta, era una religiosa de una hermandad que la envió a la India como profesora a un colegio. Ella ya había dado toda su vida al seguimiento de Jesús, sin embargo, cuenta que un día caminando por las calles de una ciudad con unas alumnas, escuchó un quejido y en seguida fue a buscar de dónde venía y encontró a un bebé recién nacido en un basurero. Ella inmediatamente lo llevó al hospital pediátrico donde lograron salvarlo.

No obstante, la historia no termina allí, sino que esta gran mujer, comenzó una labor que hoy mismo continúa, ayudando a los más débiles y para eso tuvo que hacer una nueva vida, es decir transformarse. De religiosa de un colegio, pasó a servir en una nueva congregación a los más desamparados y los más pobres entre los pobres, los huérfanos, los moribundos, los necesitados.

Es que tú no puedes decirte seguidor del Señor si sólo te contentas con ir al culto, las liturgias y de tanto en tanto hacer una oración. Necesitamos todos de una transformación, de sentir el llamado cordial a dejar nuestras comodidades, para atender una misión.

En el llamado siempre existen tres elementos, el problema, Dios que observa el problema y cada uno de nosotros. La vocación y transformación de cada uno es cuando Dios nos invita a través de un problema o necesidad, a que demos respuestas concretas a esa dificultad, en la que él mismo actúa a través nuestro.

Para esto, hay que estar atentos no solo a las dificultades que hay en la sociedad, sino también a la voz de Dios que nos pide actuar. Por eso, si cada día te concentras en conocer su Palabra y atender lo que él te propone, tu vida se irá transformando para bien. No dejes pasar la oportunidad de dejarte interpelar por el Señor.

Dialoga:

Señor Jesús, te doy gracias porque siempre estás al pendiente de mí. Quiero que me disculpes porque a veces en la vida cotidiana son tantas las cosas que debo resolver en mis estudios y trabajo, son tantos los pendientes que tengo, que a veces me olvido de ti. Quiero pedirte que agudices mi capacidad de escucharte, y también que me ayudes no solo a ver, sino a mirar con los ojos del corazón la historia y las necesidades donde tú me llamas a actuar. Ayúdame a ser generoso, porque muchas veces solo pienso en mí. Quiero ser lo más parecido al proyecto que tú tuviste de mí y darte la respuesta que quieres que yo dé. Solo no puedo, ayúdame Señor a transformar mi vida en un discípulo tuyo.

Concéntrate:

Repite varias veces durante el día: «Señor, que vea la realidad como tú la vez»

Recalculando:

Estoy seguro de que tú conoces a muchas personas que por algún motivo han dejado de creer en Dios. Ya sea por problemas personales, o porque han tenido una historia difícil. Busca a una de esas personas. Acércate, no tengas miedo, porque tú vas en nombre del Señor. Acompáñala en sus necesidades. Muchos de ellos no tienen con quien hablar. Dales confianza para que puedan encontrar en ti un verdadero cristiano, y también para que puedan confiar en el Señor nuevamente. Aun cuando esto te lleve un tiempo, verás cómo tu vida cristiana se afirma.

Texto del Evangelio de hoy: San Mateo 4:18-22

Jesús pasaba por la orilla del Lago de Galilea cuando vio a Simón Pedro y Andrés, dos hermanos que eran pescadores. Mientras ellos pescaban con sus redes, Jesús les dijo: «Síganme. En lugar de pescar peces, les voy a enseñar a ganar seguidores para mí.»

    En ese mismo instante, Pedro y Andrés dejaron sus redes y siguieron a Jesús.

Jesús siguió caminando por la orilla del lago y vio a Santiago y a Juan, otros dos hermanos que también eran pescadores. Los dos estaban en una barca arreglando las redes, junto con su padre Zebedeo. Jesús llamó a los dos. Ellos salieron de inmediato de la barca, dejaron a su padre y siguieron a Jesús.

Ricardo Grzona. Escritor cristiano

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