Una condición no es un impedimento. 1ra parte

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El apóstol Pablo quiso transmitir a la iglesia de los corintios, que Dios ha depositado el tesoro del conocimiento por medio de Jesucristo en nuestro ser, en un cuerpo con debilidades y limitaciones. Y lo hace así para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros (2 corintios 4:6-7).

Estas son nuevas para mí personalmente, porque yo soy impedido. Veintinueve años atrás quedé cuadripléjico al lanzarme de cabeza en el río Charco Frío en Fajardo, Puerto Rico. El día siguiente a mi día de graduación. Me graduaba de un grado asociado en la Tecnología Electrónica en el Colegio Universitario De Humacao. Era una persona independiente y muy activa. El accidente fue muy traumático para mí.  Luchaba con muchos pensamientos adversos, que incluían la muerte. Sí, muchas veces le pedí a Dios que me quitara la vida.

Hermanos, esto no es petición inconcebible. Grandes hombres de Dios tuvieron el mismo deseo al enfrentar grandes vicisitudes. Moisés se sintió tan agobiado por las constantes quejas y demandas de un pueblo tan grande, que le rogó a Dios que le diese números (11:10-15). Job, que era un hombre perfecto y recto ante Dios (Job 1:1), habiendo perdido prácticamente todo, y padeciendo una enfermedad angustiosa, maldijo el día en que nació, deseando la muerte (Job 3).

El profeta Elías, siendo amenazado de muerte por Jezabel, le pidió a Dios que le quitara la vida (1 Reyes 19:4). El profeta Jeremías, al ser vituperado constantemente, maldijo el día que nació, y al hombre que anunció su nacimiento, deseando la muerte (Jeremías 20:14-18). Sin embargo, Dios confortó y fortaleció sus corazones, y pudieron decir como dijo David: “Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes” (Salmos 27:13). Ellos fueron usados por Dios en proezas, tuvieron maravillosas revelaciones de Él, adquirieron un conocimiento invaluable de Dios.

Adnel Peña

 

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