Una familia cristiana se humilla bajo la mano de Dios

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Si la familia cae, el mundo y la sociedad se vienen abajo. Si la familia refuerza cada día sus principios en la Ley de Dios, aún existe esperanza para esta tierra. En medio de los disparos indiscriminados de los valores distorsionados y falsos que ofrece este tiempo postmoderno, la  familia trata de sobrevivir a duras penas. Los modelos familiares son una burla al propósito eterno de Dios para con el ser humano. La única manera de no dejarse llevar por esta fuerte y atrayente corriente es humillarse como familia ante Dios. Escoger depender únicamente de Dios.

 Elegir un camino que aunque duro, es el que nos ha de llevar a la victoria en Cristo. El anhelo más profundo que debe tener la familia ha de ser el de servir a Dios con obediencia y amor. Los principios morales y éticos degradados de este siglo han de hallar en la familia un baluarte que detenga con anticipación su choque violento. El hogar ha de ser esa fortaleza en la que la voluntad de Dios es la única que guía a cada miembro del mismo. Las puertas de esa casa que basa su sentido y significado en Cristo, han de permanecer santas y puras. La disciplina debe ocupar un lugar sumamente relevante a la hora de regular las relaciones, el respeto y la dignidad de los que pertenecen al mismo grupo familiar. Dios devendrá en el garante de esa pureza y de esa sana doctrina que cambiará definitivamente los corazones de los que forman una familia fiel y creyente.

La familia se encuentra en el punto de mira de Satanás. No hace falta mirar muy lejos para verlo ni ser un Einstein para entenderlo. Cuando la familia arraigada en Cristo se mueve, Satanás tiembla. Cuando los padres atienden, aman y protegen a sus hijos conforme a las Escrituras, Satanás sabe que está vencido. Cuando los hijos respetan, valoran y ayudan a sus padres, el diablo redobla sus esfuerzos porque no sea así. Cuando esposo y esposa se aman, cuidan y buscan a Dios, el demonio intentará arrebatar todo lo que pueda para separarlos. Pero nunca podrá quitar el amor, la lealtad y la fe de aquellas familias que con denuedo, valentía y perseverancia se enfrentan al espíritu dañino y temible de este mundo que siembra cada día el Maligno.

José Porras. Escritor Cristiano 

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