Una segunda luna de miel 2da parte

65

Inesperadamente apareció Bruce. Salió del dormitorio danzando y cantándome: “Cumpleaños feliz…” Llevaba puesta una camisa tropical y tenía una sonrisa de oreja a oreja. Me eché en sus brazos y nos quedamos así largo rato. Solo de vez en cuanto nos separábamos un poco para mirarnos y para que yo pudiera convencerme de que aquello no era un sueño. ¡Fue una sorpresa de lo más romántica! Además, faltaba muy poco para nuestro vigésimo primer aniversario de casados. Todas las parejas debieran tener la dicha de una segunda luna de miel en un paraíso tropical como las Filipinas.

Aquello fue arrobador para mí: Dios había respondido a mi oración secreta, en demostración de Su amor… y todo por hacerme feliz. Me maravillé del cariño y las atenciones de nuestros amigos y compañeros de trabajo, que se habían esmerado tanto para conseguir una linda habitación de hotel y disponerla con velas, vino, una torta de cumpleaños, una canasta de frutos tropicales y hasta música romántica de fondo. No solo lo habían pensado todo, sino que habían logrado mantenerlo en secreto desde hacía semanas, cuando empezaron a ajustar los detalles con Bruce. ¡Mi amado Bruce! Me sentí embargada por su amor.

Más tarde me reveló que Jack —un empresario al que había conocido en Canadá— patrocinó todo el viaje. De no haber sido por él no habríamos podido gozar de esa luna de miel. ¡Gracias, Jack! ¡Gracias, Bruce! ¡Gracias, queridos amigos y colegas! Y sobre todo, ¡gracias, Señor, por responder a mi oración!

La Palabra de Dios dice: Deléitate en el Señor, y Él te concederá las peticiones de tu corazón. ¡Cuán cierto!

Cuando estás con la persona que amas y percibes su calidez y ternura, dame las gracias y alábame por ello, pues es, en efecto, un obsequio que te hago. El amor que te llega por medio de esa persona es una manifestación del inmenso amor que abrigo por ti.

Todo tiene su tiempo. Hay tiempo para estar a solas y tiempo para disfrutar de la compañía íntima de alguien. Para hacer más llevadera la existencia, concedo a la mayoría de las personas, en algún momento, el don de la compañía. Cuando te lo conceda a ti, recuerda que se trata de una prenda del amor y de los cuidados que te prodigo.

Rose Gagnon. Miembro de La Familia Internacional en las Filipinas. 

Deja tus comentarios