¿Cómo ven los cristianos el matrimonio, y por qué?

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Cuando un cristiano se casa, hace un voto ante Dios, de modo que contrae una responsabilidad que no debe tomar a la ligera (Ecl. 5:4-6). Jehová “ha unido bajo un yugo” a quienes se unen en matrimonio, pues fue él quien dio origen a la institución marital (Mar. 10:9). Ese yugo existe a la vista de Dios sin importar lo que digan las leyes seglares que regulen el matrimonio. Los cristianos deben verlo como él lo ve, sea que se hayan casado antes o después de conocer a Jehová.

El matrimonio puede ser fuente de gran felicidad. Pero ¿qué se puede hacer cuando peligra la unión marital? ¿Pueden fortalecerse los lazos conyugales que se han debilitado? ¿Qué ayuda hay para aquellos que ven amenazado su matrimonio? ¿Qué puede ocurrir si un cristiano toma decisiones imprudentes a la hora de elegir un cónyuge?

Cuando un matrimonio cristiano tiene éxito, produce mucho gozo y le trae honradez  a Jehová. Pero cuando fracasa, como mínimo produce mucha tristeza. El cristiano que está pensando en casarse tiene la oportunidad de dar a su enlace un buen comienzo siguiendo la guía de Dios. Por otra parte, una decisión imprudente a la hora de elegir un cónyuge puede provocarle dolor e insatisfacción. Por ejemplo, algunos jóvenes comienzan a salir con alguien cuando aún no están preparados para afrontar las obligaciones maritales. Hay quienes encuentran un candidato en Internet y se lanzan apresuradamente a lo que después resulta ser un matrimonio muy desdichado. Otros cometen un pecado grave durante el noviazgo y luego se casan, pero quizás den inicio a su vida de casados sin sentir mucho respeto el uno por el otro.

Algunos cristianos desobedecen el mandato de casarse “solo en el Señor” y sufren las consecuencias de vivir en un hogar dividido en sentido religioso (1 Cor. 7:39). Si ese es su caso, pida el perdón y la ayuda de Dios. Él no libra de los efectos de errores pasados, pero sí que da fuerzas a los arrepentidos para que sobrelleven las dificultades (Sal. 130:1) Esfuércese de corazón por complacerlo ahora y siempre, y “el gozo de Jehová será su plaza fuerte” (Neh. 8:10).

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