¡VIP!

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Hay períodos en la vida en que nos sentimos anónimos. Es desmoralizador. Nos convertimos en un mero dato estadístico: masculino o femenino, mayor o menor de cuarenta años, soltero o casado, sano o discapacitado. Cada tanto depositamos nuestro voto en una urna y nos preguntamos si hará alguna diferencia. Si no nos presentáramos a trabajar hoy, ¿alguien que no fuera del departamento de nómina lo advertiría siquiera? No muchos adquirimos tanta fama como para sobresalir en medio de la masa humana. Además, por mucho que lo lográramos, la fama es flaco consuelo en tiempos difíciles, y suele ser transitoria.

La verdad es que somos pocos los que nos sentimos Personas Muy Importantes (o VIP, por sus siglas en inglés) y menos aun los que gozamos de ese trato por parte del mundo.

Tal vez así se sintió Natanael viviendo en la Palestina del siglo i a la sombra de una implacable ocupación militar. La Escritura no dice por qué estaba sentado bajo una higuera. En todo caso, su amigo Felipe lo encuentra y le comunica la buena noticia: han hallado al Mesías. Natanael decide ir con él a conocer a Jesús. Bien vale la pena repasar el diálogo:

Mientras ellos se acercaban, Jesús dijo:

—Aquí viene un verdadero hijo de Israel, un hombre totalmente íntegro.

— ¿Cómo es que me conoces? —le preguntó Natanael.

—Pude verte debajo de la higuera antes de que Felipe te encontrara

—contestó Jesús.

Natanael queda boquiabierto al descubrir que Dios lo ha estado observando. Lo que lo estimula a proclamar que Jesús es el Hijo de Dios y a convertirse en seguidor entusiasta es caer en la cuenta de que Dios lo conoce.

Aun cuando nos parezca que nadie se fija en nosotros, Dios lo está haciendo. Él ha velado por nosotros a lo largo de toda nuestra vida, desde antes que naciéramos, y seguirá haciéndolo hasta el final. Job reflexionó sobre ello en medio de sus tribulaciones: ¿No ve Él mis caminos y cuenta todos mis pasos?

Dios no solo piensa en nosotros, sino que nos admira: Dios le dará a cada uno el reconocimiento que le corresponda, y: «Dios se regocijará por ti.

Para Dios no somos desconocidos. Él nos conoce a todos por nuestro nombre6. No somos un mero dato estadístico para Él, sino que nos tiene gran estima7. Tú y yo somos VIP para Él.

Fuente: activated.org

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