Ya no me siento a gusto contigo. 2da parte

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Enfrentar la crisis de insatisfacción matrimonial estando en Cristo, incluye la consideración de tres condiciones:

Señorío de Dios. Una de las razones de la vulnerabilidad de las relaciones matrimoniales es que, ante la insatisfacción que estas producen, se usan como referentes las cuestiones emocionales, lo que sentimos. EL problema es que no siempre sentimos lo mismo, por lo que no podemos confiar en tales referentes. Vivir en Cristo nuestra relación matrimonial significa hacer nuestro el señorío de Dios, asumir como propio el orden que él ha establecido para nuestra vida. Cierto que esto implica un negarnos a nosotros mismos, pues podemos considerar nuestra libertad acotada. Pero, todo músico es libre de crear, ejecutar y compartir la música que él quiera… siempre y cuando se someta al orden que representen las teclas, las cuerdas y las peculiaridades de los instrumentos musicales. De igual manera, quien a partir de lo que Dios ha establecido como lo justo, como lo bueno, estará en condiciones de encontrar el camino, la ayuda y el contentamiento en su relación matrimonial.

Desarrollo del sentido de unidad y pertenencia matrimonial. La Biblia asegura el amor al dinero es raíz de toda clase de males. En el caso de las relaciones matrimoniales este amor al dinero se manifiesta en el fortalecimiento del concepto lo mío es mío. No siempre se asume que lo tuyo sea tuyo, porque si yo doy más, entonces tengo más derechos y puedo disponer de lo que tú has generado. Quienes han aprendido a pensar así son empujados por una fuerza inercial que puede llevarlos a ellos, a su pareja y a la familia a la destrucción total. Porque uno de los males que el dinero genera el la separación, el distanciamiento.

Los matrimonios somos llamados a ser cada vez más una sola carne, una sola persona, una sola entidad. Según el diccionario, una colectividad considerada como unidad. Somos llamados a asumir que la unidad matrimonial es la esencia, lo que da forma a nuestra relación. Debemos dejar de estar en competencia, de caminar caminos paralelos y reencontrarnos. Asumirnos uno. Pablo anima a los esposos a que amemos a nuestra esposa como nos amamos a nosotros mismos. Explica el porqué de su llamado: Pues un hombre que ama a su esposa en realidad demuestra que se ama a sí mismo. Efesios 5.28 NTV

Contra lo que muchos han aprendido a pensar, amar al cónyuge no nos hace menos ni nos pone en riesgo. Nos completa, es decir, nos perfecciona, nos hace estar llenos. No conozco a una sola persona que menosprecie a su cónyuge y que esté en paz consigo mismo ni con los demás. No conozco a nadie que se esté alejando de su esposo o esposa y que esté más completo, más satisfecho. Pero, sí conozco a muchos que han decidido amar a su cónyuge y unirse más a él, a pesar de los inconvenientes que ello conlleva, y que han descubierto la riqueza que ello les representa.

Administración mayordómica de los bienes recibidos. Quienes asumen que Dios es el Señor, también hacen suya la convicción de que Dios es el dueño de todo, aún de aquello a lo que ellos llaman mío. Así, saben que son mayordomos, es decir, administradores de las riquezas de Dios que tienen el derecho para tomar para sí lo que les hace falta, lo que en realidad necesitan. Por lo tanto, administran con gratitud lo que han recibido. Pero, también lo hacen con fidelidad escrupulosa. Diezman, ofrendan, ayudan a los necesitados y usan lo que les queda sabiendo que darán cuenta del cómo de su administración.

Ni tuyo, ni mío, sino del Señor. Así que ambos tenemos las mismas responsabilidades y los mismos derechos respecto de la administración de los recursos que ambos recibimos. Siendo así las cosas, ambos necesitamos ayudarnos mutuamente para administrar con gratitud y responsabilidad aquello que Dios ha querido poner a nuestro cuidado.

Cuando Cristo viene a nuestra vida recuperamos el dominio propio. Por lo tanto, podemos enfrentar las circunstancias de la vida sin que estas nos destruyan. En particular, podemos aprender a relacionarnos matrimonialmente de tal manera que nuestro contentamiento dependa de lo que somos y no de lo que tenemos. En Cristo. Por ello, para estar en armonía con nuestro cónyuge, empecemos por estar en comunión con Cristo. Busquemos su reino, su orden, y todas las demás cosas vendrán por añadidura.

Vida y Palabra. Un Ministerio de Casa de Pan

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