Dios quiere un corazón fértil

En lo que preparaba el terreno para la siembra de primavera, la parábola del sembrador me vino a la mente. Recordé aquellos momentos en los que había tratado de plantar un jardín en un suelo duro y rocoso.

Reflexiones Cristianas - Dios quiere un corazón fértil
Dios quiere un corazón fértil

Para entonces, muy pocas fueron las semillas capaces de sobrevivir y crecer. Requería llevar abono y arena para mezclar con la tierra. Cada año, he encontrado áreas del jardín que se han agotado, que precisan ser enriquecidas.

Jesús utilizó la parábola de la lectura de hoy para ayudar a los discípulos a comprender que no todo el mundo aceptaría sus enseñanzas. El terreno en los corazones de algunos oyentes no estaba en condiciones para que las semillas crecieran.

¿No son siempre un buen terreno?

De la misma manera, nuestros corazones no son siempre un buen terreno. Nosotros jamás podemos asumir que somos terrenos fértiles.

Las circunstancias de la vida pueden contribuir a preparar nuestros corazones para crecer y madurar, para convertirse en la tierra que el Señor necesita para plantar las semillas. Sin embargo, además necesitamos la oración, el estudio de la Palabra y el compañerismo cristiano para mantener nuestros corazones fértiles.

El placer de ver que mi jardín crece, mengua comparado con el placer que Dios recibe cuando su Reino crece y florece.

“El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron. Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron. Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno. Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga“; Lucas 8:5-8.

Oremos juntos: Padre amado, prepara nuestros corazones para la siembra de tu Palabra, y para la cosecha de la misma en nuestras vidas mediante labores que te glorifiquen, y que manifiesten los valiosos tesoros que cada día siembras en nosotros. Amén.