¿Por qué debo dejar a un lado el afán en mi vida?

Principalmente, el afán es un deseo muy grande o bien sea un esfuerzo, interés, ansia o anhelo por algo. No obstante, en diferente ocasiones nos afanamos por cosas materiales y nos olvidamos de lo que realmente importa; que somos hijos de Dios.

Reflexiones Cristianas - ¿Por qué debo dejar a un lado el afán en mi vida?
¿Por qué debo dejar a un lado el afán en mi vida?

En nuestra vida diaria estamos pendientes de las cosas que necesitamos en este mundo, pero olvidamos que solo estamos acá de pasada; así que no te preocupes por cosas materiales.

Sin embargo, son cosas necesarias en nuestra vida cotidiana, pero ten en cuenta que un día dejaremos de estar en este mundo y no nos llevaremos nada.

Sé que no es fácil estar tranquilo cuando tenemos necesidad de algo y nos afanamos por conseguir eso que tanto queremos, pero ten presente que somos hijos de Dios y él no desampara a sus hijos.

Recuerda que si buscamos a Dios, él nos dará lo que necesitamos. “Más  buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas», Mateo 6:33.

Es decir, si buscamos primeramente el reino de Dios él nos dará lo que necesitamos, en otras palabras, debemos encargarnos en las cosas de nuestro Padre Celestial y nuestro Dios se encargará de las de nosotros.

«Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?», Mateo 6:25.

Sabemos muy bien que para Dios somos importantes, y que él nos ama. Y un ejemplo de esto lo podemos ver en Mateo 6:26 “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?”.

«Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan», Mateo 6:28.

Ciertamente, no debemos afanarnos, y es aquí donde Dios prueba una vez más, nuestra fe en él. No obstante, debemos recordar que el tiempo de Dios es perfecto, por ende, no debemos apresurarnos o atrasarnos a los hechos.

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