Buscad el reino de Dios. 1ra parte

Pero buscad primero el reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Mateo 6:33

La amonestación a “buscar primero el reino de Dios” en Mateo 6:33 es dada por el Señor como un contraste a la preocupación acerca de las posiciones materiales. Yo creo que nunca ha habido una generación de cristianos tan atrapada en la preocupación acerca de las posesiones como la actual. Tenemos mayor abundancia disponible sobre la base de día en día que ninguna otra generación anterior.  La mayoría de nosotros poseemos máquinas que reducen la labor diaria que se necesita para mantener nuestros hogares, nuestros hijos están bien arropados y bien nutridos y educados, y nuestra expectativa de vida va más allá de la promesa de Dios de 70 años. Tenemos planes de seguros, planes de jubilación, planes de incapacidad, y planes de desempleo. Con todo y eso estamos tan enredados haciendo más dinero y comprando más grandes y mejores cosas, que hemos perdido la mayor parte de nuestro impulso para alcanzar a un mundo perdido. Al leer a través de la Palabra de Dios, me mantengo haciéndome la misma pregunta fundamental: “¿Estamos nosotros buscando primero el reino de Dios?

¿Qué fin persigues?

Parece evidente que si hemos de estar eternamente en la presencia de Dios y solamente unos setenta años aquí en este mundo, deberíamos estar más preocupados por lo que recibiremos en aquel entonces que en nuestros logros actuales. Pero cuando nuestras prioridades son revisadas se hace evidente que la mayoría de los cristianos viven sin una esperanza real como Pablo describió en Romanos 8:24-25. Estamos dispuestos a conformarnos con lo que podemos ver ahora más bien que con lo que no podemos ver y palpar en el presente. Ese es exactamente el principio que Cristo enseño en Mateo 6:19-33.

No son las cosas materiales las que causan las dificultades. Dios afirma que Él nos dará aquellas cosas que el mundo tanto anhela. El asunto es una actitud de corazón. ¿Estamos más dedicados a la acumulación de cosas materiales que del servicio a la causa de Dios? Sin duda alguna, la evidencia de nuestras vidas demuestra que estamos sirviendo al dinero, no a Dios. “Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mateo 6:21).

La pregunta que se hace a menudo: “¿Qué fin persiguen los cristianos?” La respuesta que el mundo nos daría es: “No muy diferente del que nosotros perseguimos”. Lo triste del asunto es que la mayoría de la gente realmente quiere conocer un Dios personal. Ellos sirven a dioses hechos de madera o de piedra o quien sabe de que otra cosa, y adoran diferentes clases de ídolos, tales como vacas, demonios, imágenes, amuletos, estampitas, la luna, el sol, o cualquier otra cosa que puedan encontrar. Nosotros tenemos la única esperanza para un mundo sin esperanza y con todo eso estamos gastando la mayor parte de nuestro tiempo buscando cosas vanas. Nuestras energías son tan agotadas en la acumulación de casas más grandes, negocios, autos, y planes de jubilación, que no tenemos mucho tiempo para buscar el reino de Dios.

Solamente hay dos opciones

Cristo dice que tenemos solamente dos opciones como discípulos suyos: seguir a Dios o seguir al dinero.

Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Mateo 6:24

La advertencia bíblica es clara: seremos juzgadas sobre la evidencia de nuestras vidas materiales más que sobre ninguna otra cosa. La atracción del materialismo es tan grande que Cristo dedicó dos tercios de sus parábolas a advertir a sus discípulos acerca de los peligros de este asunto. Los escritores de las epístolas ampliaron esa enseñanza al observar la fuerza destructiva del materialismo en la vida de los creyentes.

Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, condicionándolo algunos, se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores. 1 Timoteo 6:10  

Sea vuestro carácter sin avaricia, contentos con lo que tenéis, porque El mismo ha dicho: Nunca te dejaré ni te desampararé. Hebreos 13:5

Larry Burkett

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